El desarrollo tecnológico del ser humano forma parte de la naturaleza. Por eso, el único modo de vencer los problemas que la tecnología presenta no es abandonándola, sino desarrollándola mejor, es decir, sin productos contaminantes.
Hay un momento en la evolución de los seres humanos en el cual se hace la separación entre lo natural y lo artificial. Aunque, en realidad, lo artificial no existe, pues es una forma de la naturaleza evolutiva humana. Todo es natural, e incluso lo que se considera artificial. Por eso, el error no radica en lo artificial, sino en esa discriminación hacia la parte evolutiva humana y natural que en un momento dado se considera como artificial y se discrimina. Eso da la culpa a lo supuestamente artificial del mal que la humanidad padece. Es decir, que se usa esa parte de la naturaleza humana y evolutiva como una especie de chivo expiatorio, calificándola de artificial y marginándola.
De este modo, trascendemos al origen de esa negatividad que no está en lo que se cataloga como artificial, sino en lo que cataloga de artificial a esa parte evolutiva y natural del ser humano. ¿Qué es lo que hace esa catalogación colgando esa etiqueta de artificial y negativo a la naturaleza evolutiva y tecnológica de la humanidad? Quienes hacen esa falsa catalogación son los sentimientos violentos de dominación de unos sobre otros. Es decir, el deseo de lujo, riquezas, poder, etc. Pues eso es lo que lleva a una persona codiciosa a acaparar los recursos de los demás, aun con el detrimento y pobreza que a causa de ello hace pasar a la mayoría.
Esa persona que desea tener más que otros es la que acapara también la tecnología y, en vez de dejarla al servicio del bienestar de todos por igual, tal como debe de ser, la acapara para sí misma, para obtener lucrativas ganancias a costa de la pobreza de otros por haberles privado de ese desarrollo tecnológico que les corresponde por derecho natural. De ese modo, el acaparador desvía a la tecnología de su uso habitual, transformándola en una tecnología contaminante que, al haber sido separada del pueblo, no ha podido seguir evolucionando por su curso normal y habitual y, por lo tanto, no se ha podido perfeccionar, transformándose así en una tecnología acaparada y podrida que tan solo ofrece riquezas excesivas a unos y pobrezas extremas a otros.
Esa tecnología podrida es como una planta que igualmente sufre una putrefacción de alguna parte en su tallo o en sus hojas y que resulta tóxica para el ser humano. Y ya que la tecnología es natural y forma parte de esa planta evolutiva del ser humano, solo se presenta negativa cuando una persona u otra intenta acaparar para sí misma esa planta y, por lo tanto, generar en ella una putrefacción que daña a la mayoría por no poder recibir la parte positiva de esa planta, e incluso daña al acaparador mismo por no poder tener una planta totalmente sana; es decir, una tecnología incompleta que no solamente afecta al pueblo y a la mayoría, sino también al propio acaparador.
Eso se debe a que la tecnología, como planta natural del ser humano, crece únicamente para el bienestar de todos por igual, y por eso, cuando se acapara, se estropean las distintas partes de la planta. Esa planta estropeada es lo que se considera como la artificialidad negativa. No porque lo artificial sea negativo, porque en realidad lo artificial forma parte de la naturaleza humana, sino porque a causa del egoísmo de unos pocos esa tecnología natural del ser humano se ha transformado en negativa, porque se ha intentado acaparar.
Es algo similar a una planta del campo que se corta y se mete en un cajón en casa: empezará con su proceso de putrefacción.
La tecnología es una parte de la naturaleza humana y no se puede separar de la evolución; y si se intenta separar por el deseo de acapararla o por la podredumbre de la artificialidad acaparada y catalogada erróneamente de negativa, es decir, si se intenta marginar la tecnología por considerarla negativa y eso lleva a bloquear el adelanto tecnológico, entonces, esa tecnología continuará brotando a través de uno y de otro, al igual que las flores en el campo, y será imparable porque forma parte de la naturaleza de la evolución humana. Por eso, de nada sirve bloquear el adelanto tecnológico por considerarlo artificialidad negativa, sino que el modo de corregir esa tecnología que se ha transformado en negativa es dejar de acapararla y ofrecerla a todos por igual en un intercambio de frutos igualitario y natural, tal como la naturaleza humana, tanto de un modo interno como externo, ya conduce a ello de un modo natural. Lo cual no es necesario hacer grandes y tortuosos esfuerzos para fabricar ese escenario positivo, pues la misma naturaleza del ser humano ya lo trae consigo y solo hay que dejarle fluir.
Esas muestras de alta tecnología que a veces se observan tanto en el cielo como en la tierra, como los grabados y restos del pasado y en otros tantos sucesos y vestigios de una alta tecnología superior a la de nuestros tiempos, son pruebas de que la evolución natural del ser humano ha desarrollado la tecnología y la sigue desarrollando también en otras esferas y lugares, en los cuales se ha permitido seguir con la evolución natural de la tecnología humana, llegando así esta a sitios más altos que la actual por no haber sido censurada y, por lo tanto, haber permitido que crezca más, hasta tal punto de que su existencia llega hasta nuestros días, haciendo que todos nos sorprendamos al ver esos prodigios tecnológicos y desconocidos por el hecho de que no estamos habituados a ellos; es decir, que no hemos dejado fluir de un modo libre y natural a la naturaleza de los adelantos tecnológicos en nuestra sociedad y civilización en la que estamos, y por eso nos sorprende que esos adelantos tecnológicos puedan llegar a un punto más alto que el nuestro y, además, menos contaminante. El punto alto al que podemos llegar cuando sí dejamos que ese aspecto natural del ser humano que representa la tecnología siga su desarrollo por sus caminos normales y naturales, concediendo sus beneficios a todos por igual y sin quererlo acaparar.
Las aves también tienen una tecnología, pues construyen los nidos. Los conejos cavan sus hogares, al igual que las hormigas. Los chimpancés y orangutanes son capaces de usar herramientas para gestionar sus propios recursos alimenticios. Así, una cantidad sin fin de animales tienen sus propios sistemas tecnológicos. Sin embargo, todos esos sistemas forman parte de la naturaleza, excepto en los seres humanos, en los cuales esa capacidad de construirse sus propias estancias se considera como artificial y negativo. Igual se podría considerar que es negativa la artificialidad de las abejas construyendo sus panales, o la artificialidad de cualquier otro animal. Pero no se consideran negativas porque no hay un animal que acapare esos recursos tecnológicos para sí mismo, sino que los comparte con su propia comunidad, lo cual le lleva a sentirse bien y satisfecho con lo que hace. Lo mismo sucederá con los seres humanos si, en vez de acaparar los recursos, los compartimos de igual a igual.
Fernando Ortolá
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