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sábado, 4 de julio de 2026

El orden natural de esencias en el niño y en el adulto



El espíritu es el Padre, el Creador.

La materia es el Hijo, la creación.

El espiritu es igualitario, pues el padre es un ser adulto que vive la igualdad con los demás seres adultos, con sus semejantes.

La materiau es jerárquica, pues el hijo necesita del cuidado de una jerarquía para poder sobrevivir.

En el interior (en el espiritu) el padre es el espiritu y el hijo es la materia.

En el exterior (en la materia) el padre es la materia y el hijo es el espíritu.

El padre debe de tener la igualdad en el espíritu y la jerarquía en la materia.

El hijo debe de tener la jerarquía en el espíritu y la igualdad en la materia.


Pues el niño  (el hijo) aun no tiene su espíritu formado y necesita que un adulto (el padre)  le guie, con jerarquía paterna, para conducirlo en su proceso de formación.

El tutor del niño le guía en su interior para que en el exterior, en la materia, aprenda a compartir de igual a igual con los demás niños.

Por eso los niños en la escuela deben de tener todos las mismas cosas, los mismos lapices, las mismas mesas, los mismos uniformes, los mismos horarios, etc.

Para así en la materia (en el exterior) ser igual  a los demás niños.

En el espíritu seguirá viviendo una jerarquia en la que su tutor, como un buen y necesario jerarca, le seguirá guiando en todo.


Cuando el niño, al llegar a su pubertad, empieza a gestarse en el el cambio hacia la adultez, todo su mundo se irá poniendo al revés de como antes estaba.

La jerarquía que antes estaba en su interior empezara a querer manifestarse al exterior como un potente fuego volcánico que quiere salir al exterior con un gran ímpetu y dinamismo.

El sentido de la igualdad que en el niño está en el exterior material, al llegar a la pubertad, empezará  a manifestarse en el interior con una explosiva ansia de querer exigir los propios derechos.

Como adulto vivira un sentido de igualdad hacia los demas seres adultos, y afuera unas aceptadas, necesitadas   y variadas jerarquias en el desarrollo de los respectivos talentos  y profesiones de cada individuo, aunque todas ellas al servicio de una sociedad adulta de principios igualitarios. Un exterior material jerárquico como el sol de las estrellas dirigiendo cada cual a sus respectivos planetas dentro de la profunda igualdad  entre la infinidad de puntos de luz de una noche estrellada.

Cuando tanto el niño como el adulto, viven que esa norma natural que posiciona la jerarquía y la igualdad en sus lugares correctos, todo va bien.

Pero cuando el espíritu y la materia se empiezan a poner al revés de lo que la norma natural dicta entonces todo va mal.

Es decir que se produce el sufrimiento y el dolor que en el caso de vivir el orden natural y correcto no existían.

Por ejemplo en un niño que se considera así mismo que ya está formado sin estarlo, y no escucha a su tutor, sino que sigue su propio camino, lo cual le produce dificultades, pues al no estar aún formado, no sabe como solucionar las circunstancias que a veces se le presentan adversas.

Ese niño habrá sustituido su jerarquía interior por una igualdad precoz manifestada en una libertad de acciones que aún no está preparado para llevar a cabo.

Es decir que habrá puesto a la igualdad en su interior cuando en realidad en su interior debe de estar la jerarquía y no la igualdad.

A la vez será un niño que no respete la igualdad con los demás niños, los cuales se sentirán atropellados por él.

Pues habrá puesto la jerarquía en el exterior cuando es la igualdad la que debe de estar en el exterior del niño.

En el niño se transforma en negativa la igualdad interna al igual que la jerarquía externa también se transforma en negativa, pues son esencias que se han invertido en su orden natural la causa de ello produce el dolor y sufrimiento.


La inversión de esencias  en el adulto es igualmente destructiva y dolorosa.

Lo cual se produce cuando el adulto sustituye por jerarquía la igualdad que debe de estar en su interior, lo cual produce egos arrogantes que intenta imponerse violentamente a los demás ha atropeándoles en el sentido igualitario natural que todo ser adulta necesita para poder vivir en paz y con salud.

Al mismo tiempo que en esta situación de esencias invertidas el adulto pone la jerarquía en su interior sustituyendo la igualdad interna también pone a la igualdad en el exterior sustituyendo la jerarquía externa.

La igualdad que el adulto ponele al exterior transforma en una igualdad impuesta y destructiva la cual se manifiesta a través de leyes injustas que destruyen la diversidad intentando medir a todos los individuos con el mismo patrón material externo, lo cual es similar a obligar a que todos calcen zapatos de la misma medida o que vistan con pantalones de la misma talla.

Al anular la diversidad interna se pierde la sensibilidad interna de cada adulto para saber tratar con la misma atención es decir con igualdad interna a la necesidad que cada persona tiene en la diversidad, es es decir la pérdida de la sensibilidad que un ser adulto necesita para poder dar a cada cual lo que necesita en el exterior material, y no obligarles a que todos calce en el mismo patrón material, cuando en realidad cada persona tiene un cuerpo y una circunstancias físicas diferentes y necesitan medidas de patrones materiales distintos para poder sentirse bien, es decir para poder sentirse igual de bien todos por igual, lo cual representa una jerarquía de atención externa para producir una igualdad interna que es el sentido de bienestar en todos por igual, pues de ese modo el adulto sí que estará cumpliendo su norma natural de tener la igualdad interna en su sentido de igualdad y sensibilidad en el trato hacia los demás y la jerarquía externa en el permitir la diversidad y que cada cual adopte la forma material que necesita para poder sentirse bien.

Es decir que el adulto según el orden natural correcto debe de tener la igualdad adentro y la jerarquía afuera, y el dolor se produce en el ser adulto en el momento en el que se invierte en esas dos esencias, es decir cuando intenta vivir la jerarquía en su interior y la igualdad en su exterior.

Esta inversión de esencias en el ser adulto se puede producir en su paso por la pubertad es decir en el momento en el que se transformó de niño a adulto.

Pues según el orden natural el niño sí que debe de tener la jerarquía adentro y la igualdad.

Pero en el momento en el que llega a su pubertad y empieza a transformarse en un ser adulto el orden natural de la jerarquía y la igualdad se invierten en él, pasando la igualdad a su interior y la jerarquía su exterior.

Pero si en ese momento de cambio natural, el niño que entra en la pubertad y que empieza a transformarse en un ser adulto, lucha contra ese cambio e intenta retener la jerarquía en su interior y la igualdad en el exterior, eso le producirá problemas y dolor, pues entrará en la adultez con las esencias invertidas, es decir con la jerarquía en el interior la cual en el niño era buena pues representaba la guía de su tutor, pero en el adulto ya no es buena y se transforma en negativa, en un ego jerárquico impositor sobre los demás, un sentido de superioridad discriminante, al mismo tiempo que la igualdad infantil que el adulto retiene en su exterior se transforma en una imposición de su voluntad intentando imponerse por igual sobre la voluntad de todos, siendo esta una igualdad altamente dañina y sangrante, que solo produce dolor, caos, destrucción y muerte.

Jesucristo clavado en la cruz es un gran símbolo de todo esto.

Representa al niño que al pasar adelante retiene en él su estado infantil y por lo tanto la jerarquía interna se trasforma en una imposición de la propia fe sobre los demás lo cual recibe a su vez la marginación de los demás hacia la propia persona, al mismo tiempo retiene la igualdad infantil en el exterior ( el sentido de igualdad material cristiano) lo cual vuelve a ser una imposición material externa alimentada igualmente por la pérdida de la sensibilidad (igualdad, amor) interna hacia los demás, una igualdad externa mal encaminada que finalmente se dirige en contra de uno mismo, tal como se representa igualmente en el crucifijo los cuales manifiestan la igualdad de los cuatro cuadrantes, que es una igualdad en ka que las esquinas de cada cuadrante actúan como clavos que crucifican al ser adulto (a Jesucristo como sinbolo) en la cruz.

La jerarquía inversa del ser adulto puesta en su interior y la igualdad inversa puesta en su interior terminan por crucificarle tal como Jesucristo en la cruz representa como gran símbolo de la humanidad, para indicar claramente lo que debe de hacer y no debe de hacer una humanidad que ya es adulta.

Cuando el ser adulto sigue su norma natural y acepta la igualdad en su interior y la jerarquía en el exterior se despierta en él la sensibilidad para saber tratar a una diversidad externa y estimula en esta el amor verdadero entre unos y otros que en apariencia externa vive en una diferencia respetada y conducida por el amor de una igualdad interna que desea el mismo bienestar para todos y les conduce a ello día a día, despertando el verdadero amor entre ellos, un amor igualitario en una diversidad externa y material que es conducida por él.

Por el amor verdadero, por el Dios invisible de los adultos que habita en el corazón de cada individuo desde conduce a cada uno a través de su verdadera voz del propio determinismo.

Los que siguen al hijo son los hijos (niños).

Los que siguen al padre son los padres (adultos).

Pensamdo en estas cosas he sentido que el orden natural de ciencia se regresaba a mí y con ello he sentido de nuevo el éxtasis del Ahí  (Nirvana) para indicarme que lo que estaba pensando es correcto.

Después de escribir he cerrado los ojos por un momento y he tenido de nuevo una visión en la que he visto el ojo pequeño que se posaba en él y desde el ojo grande.

En torno a ese se formaban los dos ojos unidos he visto una gran masa de pequeñas luces que giraban hacia la izquierda durante unos siete segundos y que después se detenían y giraban en dirección contraria hacia la derecha también durante unos siete segundos.

Con esos giros me he ido acercando al centro de giro en donde las mismas luces esta vez un poco más diluidas por la proximidad han vuelto a hacer lo mismo primero girar hacia la izquierda durante unos siete segundos y luego girar hacia la derecha también durante unos siete segundos.

Después de eso he visto descender el ojo hacia abajo moviéndose entre esas pequeñas luces blancas.

Al llegar al suelo he visto la señal de despedida que veo al final de cada serie de visiones y que consiste en pupila y el iris del ojo grande, con el ojo pequeño que me representa a mí situado en el centro que la pupila.


Un abrazo 


Fernando Ortolá