Para que la mente del ser adulto funcione bien debe estar trabajando siempre; es decir, nunca debe decir: «Ahora ya he conseguido solucionar todo el problema y ya no debo trabajar más». Lo cual significa que debe estar resolviendo problemas continuamente. Al resolver un problema, debe ponerse a resolver otro después. Nunca debe llegar a decir: «Ya he resuelto el principal problema y ahora ya puedo parar la mente y dejar de pensar». Pues, si hace eso, la mente —que solamente tiene la función de solucionar problemas— continuará activa al desconectarse, y esos problemas seguirán activos produciendo trastornos y enfermedades.
Por eso, la mente del ser adulto debe estar continuamente activa para mantenerse en forma, y eso significa que debe estar aceptando cada vez el nuevo problema, el nuevo desafío o la nueva barrera para vencer a través del trabajo mental. Cuando el ser adulto realiza esa aceptación hacia el trabajo mental —es decir, hacia el desafío y el problema que va a resolver con ese trabajo—, la mente se mantiene con salud.
El cuerpo humano también está diseñado para trabajar y vencer problemas; por eso, cuando ya no se acepta el trabajo ni los problemas porque se piensa que ya se han vencido todos, es cuando el cuerpo se estropea, porque ya no está haciendo uso de su función, que es la de solucionar problemas. Por eso, cuando se aceptan esos problemas (El Fes) es cuando la mente se activa; directamente después, y debido a esa acción y trabajo de la mente, esos problemas desaparecen totalmente. Pero, para que eso suceda, se ha debido activar la mente primero. Este principio soluciona todos los problemas psíquicos existentes en la actualidad.
El error de la mente adulta es adoptar la norma natural e infantil, que consiste en dejar de pensar ante los problemas, permitiendo así que sea el tutor y buen jerarca del niño el que los solucione por él. Ese método funcionaba en los pasados tiempos infantiles de la humanidad, pero ya no en los actuales tiempos adultos, en los cuales el ser humano, para poder vencer el problema, ya no debe pausar la mente sino activarla tras la búsqueda de la solución. Con el simple hecho de activar la mente, ese problema ya desaparece de la psique del individuo y, después, a través del uso del cuerpo dirigido por la mente mediante el cerebro, ese problema también desaparecerá del mundo físico.
Para ello, el ser adulto debe decidir su norma natural: activar su mente, su iniciativa, sus emociones y su cuerpo, siguiendo siempre su propia voluntad. De ese modo desaparecen las alucinaciones; es decir, la mente se compone basándose en la realidad y aparece el mundo tal como es, tal como la mente creadora lo hace y lo conduce. Esta es una mente más evolucionada que la del ser humano, con lo cual se puede saber que la naturaleza de la mente de los individuos es la misma que la naturaleza de la mente del Creador; pues, al activar la mente de los individuos, se reafirma la realidad física del entorno creada y sostenida por Él.
Si al activar la mente del individuo se reafirma la realidad del entorno, eso indica que esa realidad tiene un origen y una conducción mental. Si no podemos dirigir esa realidad física con nuestra mente porque aún no tenemos facilidad para hacer volar piedras con el pensamiento, por ejemplo, eso a su vez indica que la mente creadora de esa realidad es una mente superior a la nuestra. Si al activar nuestra mente se reafirma la realidad del entorno es porque es una mente hecha a imagen y semejanza de la del Creador. Si esto es así, es porque somos sus hijos; no porque uno solo o un grupo lo sean, sino porque todos los seres vivos somos sus hijos. Él nos conduce para que evolucionemos y así poder llegar a ser como Él algún día: creadores de universos llenos de vida.
El Doki, que es el trabajo en la buena sociedad, hace que la mente de los individuos de una humanidad adulta se recomponga; es decir, que se reanude la participación mental del individuo en la conducción del universo físico. Con ello, el individuo vuelve a ser partícipe de la «malla de luz», que es la unión de las mentes de todos los seres sosteniendo la realidad física. La malla de luz (la respiración de la Elina) que corresponde al individuo se recompone, y este vuelve a ser partícipe en ella junto a las mentes de los demás seres adultos para sostener y conducir mentalmente el universo físico en el que estamos. Para que la mente de un individuo se mantenga con salud, debe permanecer activa en el Doki.
El problema actual del mundo es que la política está tan alejada de los principios humanos éticos y está tan materializada que las votaciones ya no eligen a sus dirigentes por unanimidad. La población se queda dividida en dos bandos casi iguales, como en un partido de fútbol, pues se está tomando la política como un juego. Ese equilibrio externo que dicta la materia está fuera de lugar, pues en tiempos adultos el equilibrio debe dirigir el interior —el espíritu— y no la materia. Cuando la política genera esta igualdad de votaciones en ambos bandos es porque las esencias se han invertido: en el interior, donde debe regir la igualdad, rige la jerarquía; y en el exterior, donde debe regir la jerarquía, rige la igualdad. Esta es una igualdad fuera de lugar y, por lo tanto, destructiva, como la rivalidad entre dos bandos políticos que lleva a enfrentarse en una guerra cruel.
El caminar del ser adulto debe romper el desequilibrio en el exterior para poder lanzar un pie y luego el otro sucesivamente, sin que su marcha se detenga. Sin embargo, un ser adulto con los pies paralizados por un equilibrio total establecido entre ellos es un ser que no puede caminar. A un niño sí se le deben parar los pies de vez en cuando como medida de prevención, ya que es demasiado activo y su falta de experiencia le puede llevar a accidentes. Un adulto es todo lo contrario: necesita caminar para mantener su salud y realizar el intercambio con los demás seres adultos que tanto necesita para recibir el alimento vital.
Fernando Ortolá
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