En el norte, donde hace más frío, se usa más la mente, pues es necesario mantener el cerebro activo para que la sangre continúe circulando por él y su flujo no disminuya a causa de las bajas temperaturas. Por eso, en el norte necesitan pensar más en cosas prácticas y materiales; es decir, en conceptos sencillos de comprender.
Si empezaran por cuestiones profundas —que tienen una relación más estrecha con el control del cuerpo y la circulación sanguínea, y que son a su vez más difíciles de asimilar—, se correría el riesgo de que, por falta de concentración o cansancio, estas no lleguen a ser comprendidas. Esto provocaría que se dejara de pensar en ellas y, por lo tanto, que el cerebro dejara de trabajar. En consecuencia, la sangre que debe fluir hacia este órgano dejaría de circular de un modo normal para hacerlo de forma deficiente, causando así trastornos en el cuerpo.
Para evitarlo, la gente de los lugares fríos prefiere activar su mente pensando en cosas comprensibles, materiales y prácticas. Así, el cerebro no se bloquea intentando comprender conceptos abstractos y la sangre sigue circulando con normalidad por la cabeza. No es que sean más fríos o cerrados de carácter, sino que es simplemente una cuestión fisiológica de resistencia ante temperaturas bajas. Por esta razón, pueden dominar muy bien las ciencias que requieren el uso de la razón, como las matemáticas, la física, la química o la tecnología. Aunque estas disciplinas parezcan complejas, se basan en una estructura lógica que el cerebro puede comprender perfectamente, alimentando así su riego sanguíneo sin bloqueos.
Las cuestiones del espíritu, filosóficas o más profundas, son realmente las más difíciles para el cerebro, pues este no puede manejarlas totalmente por sí solo; necesita de la intuición, de la vivencia espiritual y de las emociones para desarrollar esos temas hasta quedar satisfecho. En lugares fríos, el cerebro debe "calentarse" pronto para mantener el riego sanguíneo y, por ello, debe hacerlo con temas sencillos, materiales y prácticos, con razones claras que no den lugar a la duda y caminos específicos, como la investigación científica.
Si en esos lugares los cerebros tuvieran que detenerse a comprender cuestiones filosóficas complejas, no se activarían lo suficientemente rápido ante el frío. La circulación se quedaría estancada o, al menos, retrasada, lo cual afecta negativamente a la salud.
Sin embargo, en el sur, donde hace más calor, pueden dedicarse a pensar en temas más filosóficos, espirituales o emocionales. Allí, la circulación sanguínea ya está estimulada por el calor ambiental, por lo que no hay riesgo al profundizar en estas áreas. Es más, deben ocuparse en estos temas porque, de no hacerlo, las altas temperaturas del sur podrían activar en exceso la circulación en sus cerebros. Si a un riego ya activo por el clima se le sumara la actividad de un raciocinio sencillo (como el de las matemáticas o la física), el cerebro recibiría un flujo excesivo, lo cual podría subir la tensión por sobreexcitación.
En conclusión, la gente del norte necesita hacer más uso del raciocinio y la gente del sur más uso de las emociones. No es porque sean diferentes por naturaleza, sino por una cuestión fisiológica de riego sanguíneo y una adaptación climatológica al frío o al calor.
Fernando Ortolá
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