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domingo, 18 de enero de 2026

Un voto a la paz

 


Un voto a la paz

Una situación de estrés es una inversión de esencias.

Así se observa a través de las dos primeras esencias (C y F, E2 cenuitica).

Pues, dividiendo todo en esas dos partes, es más fácil identificar esa inversión, ya que se cuenta solo con dos elementos. Es decir, que donde estaba el uno (C) está el dos (F), y donde está el dos (F) está el uno (C), denotando así que una situación anómala ha alterado el orden básico de esas dos primeras esencias.

Entonces se sabe que existe una situación de estrés.

Es fácil identificar el orden correcto de las esencias.

Por ejemplo, en un momento en el cual se deban resolver muchas cosas al mismo tiempo, se sabe que la mejor forma de conseguirlo es resolviendo una por una, con calma, para así poder hacerlo todo bien; es decir, ir despacio.

Sin embargo, cuando lo que hay que resolver es una sola cosa, lo cual no se presenta tan difícil, entonces se sabe que se puede actuar un poco más rápido porque solo es una cosa lo que hay que resolver y no requiere mucho tiempo.

Haciendo la síntesis de esas dos situaciones se puede decir que:

 * Ante muchos problemas al mismo tiempo, hay que ir despacio.

 * Ante un solo problema, se puede ir rápido.

En la inversión de una situación de estrés se presenta la cosa al revés:

 * Ante muchos problemas se va de prisa; esa extra-aceleración hace que no se pueda resolver ninguno de ellos.

 * Ante un solo problema se va despacio, con el error de pensar que, como solo es uno, hay tiempo de resolverlo en otro momento. Lo cual hace que ese problema vaya creciendo y se junte con otros nuevos problemas y la cosa se ponga más difícil.

Lo cual lleva a deducir de nuevo el orden correcto:

 * Ante muchos problemas, ves espacio para poder resolverlos bien.

 * Ante un solo problema, ves rápido para poder solucionarlo lo antes posible.

Lo mismo se puede aplicar en el concepto dual de un problema mayor o un problema menor.

Ante el problema mayor hay que ir despacio para poder solucionarlo, y ante el problema menor hay que ir rápido para poder solucionarlo lo antes posible.

Sabiendo que esto es así, se sabe también que la solución es la siguiente:

Cuando se presente un problema grande o muchos problemas a la vez, la postura que hay que tomar ante ellos no es alterarse e intentar resolverlo todo muy rápido, sino relajarse ante la evidencia; es decir, reconocer el tamaño del percance y la imposibilidad de solucionarlo todo de un manotazo, e intentar resolverlo poco a poco, despacio y con buena letra, para que todo salga bien.

La misma solución se aplica también ante los pequeños problemas que van surgiendo y que tienen fácil solución, pues ante ellos no hay que dormirse y hay que ir solucionándolos lo más deprisa posible para que no se transformen en grandes problemas.

Cuando una situación de estrés invierte esos dos polos conceptuales de el ir despacio y el ir de prisa, los problemas, sean grandes o pequeños, crecen y luego son más difíciles de solucionar.

Una situación de estrés hace sentir al individuo, equivocadamente, que ante muchos problemas que se presentan al mismo tiempo debe acelerarse e ir más rápido de lo normal para poder solucionarlos todos.

Ese es el error que lleva al individuo a ser devorado por esa situación multiproblemática.

Pues es precisamente lo contrario; es decir, que ante esa situación de gran caos hay que tomar un respiro, aunque suene contradictorio, pero esa es la mejor forma de abordarla: con paciencia y serenidad, es decir, poco a poco, pues de ese modo, por grande que sea el problema, o los problemas, se podrán solucionar.

La buena actitud en la parte opuesta a esta, es decir, el solucionar rápido los pequeños problemas, ayuda después a adoptar también la parte correcta en la situación contraria —al verse ante muchos problemas—, pues se comprenderá más fácilmente que hay que tomar ese respiro de paciencia para poder abordar y solucionar bien esa montaña de caos que en un momento se puede presentar.

En realidad, estas son cosas muy simples que todos e incluso cualquier ser vivo sabe por sí mismo.

Pero, aun sabiéndolo, no todos lo cumplen así y, cuando llega una situación de estrés por estar ante una gran cantidad de problemas, muchos se suelen acelerar en el error de que, intentando resolver todo de golpe, saldrá todo bien, y luego se sorprenden ante la evidencia de que esos problemas han crecido más, terminando por hundirle.

No solo hay que saber que esto es así, sino que hay que practicarlo también.

Es decir, hacer la prueba: ante cualquier situación que se presente difícil, intentar reducir la marcha, tomar un respiro, dar un voto a la paciencia.

Pues así la evidencia mostrará que esto es así y su resultado positivo lo hará aún más evidente, entrando con ello en un ciclo de retroalimentación positiva.

Indagando estos efectos de un modo más profundo, se puede comprender que el mismo espíritu negativo que produce un caos de problemas ante alguien tiene como principal objetivo poseer a esa persona a la que le produce un caos a su alrededor.

Por eso, si la persona a la que se le presenta el caos actúa con violencia y precipitación contra todos esos problemas que se le pueden presentar en un momento dado, entonces el espíritu negativo que ha producido todo ese caos posee al individuo y así consigue lo que realmente quería, que es afectar y poseer a ese individuo interiormente para hacerle sentir muy mal, es decir, hacerle sentir que se hunde ante todo ese caos que ese mal espíritu ha producido.

Por eso, si ese mismo individuo, cuando se le presenta un caos de problemas ante él, no se deja asustar por ello y no adopta esa postura de respuesta violenta ante esos problemas con el intento de solucionarlos de un manotazo, entonces el espíritu negativo, que es ese estado alterado, no se producirá en ese individuo; es decir, que no le poseerá, sino al contrario: ese individuo guardará su paz y sentido común abordando la solución de los problemas poco a poco, paso a paso, de un modo eficaz y eficiente, hasta que toda esa montaña de problemas haya desaparecido.

Dando, como siempre, un voto a la paz.

Fernando Ortolá


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