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jueves, 26 de febrero de 2026

Los beneficios de la desidolatración

 Cuando en el Hen se divinizan las esencias, entonces estas protegen en el exterior a cambio de un sacrificio y en el interior producen enfermedades.

Pues en el Hen el individuo ya es adulto y debe de tomar el control de las esencias en el exterior y de ese modo, a través de su cerebro, también mantiene su salud en el interior.

Pero si en el Hen se divinizan las esencias afuera, entonces está forzando la norma natural del Hes estando ya en el Hen, y por eso las cualidades divinizadoras del niño en el Hes se transforman en negativas si se usan en el área del adulto, es decir, en el Hen.

Pues el tutor no está presente y el individuo adulto pierde el control de su interior, ya que no toma las riendas de su propio interior a través de su propio cerebro adulto y entonces se produce la enfermedad.

En el pasado Hes se podía divinizar y se debía hacerlo porque se divinizaba a las esencias para aprender de ellas, y eso suponía un sacrificio externo que se realizaba una vez a cambio de una protección externa continua.

Al mismo tiempo, las esencias internas quedaban protegidas por el tutor físico, el cual mantenía la salud de sus protegidos.

El sacrificio externo era hacer lo que el tutor físico decía, lo cual no era un sacrificio negativo sino simplemente un esfuerzo positivo, un trabajo gratificante.

Pero ese mismo esfuerzo traspasado al Hen, en donde ya no está vigente, resulta negativo; es decir, que resulta negativo el sacrificarse por divinizar una esencia en el exterior pues la protección que esa esencia transformada en un dios nos da en el exterior es real pero es negativa, es decir, fuera de lugar y exagerada, protegiéndonos a nosotros y haciendo daño a otros, lo cual no es positivo.

Además de eso y al mismo tiempo, en el interior se producen las enfermedades y las anomalías que en el exterior están contenidas; es decir, que se producen enfermedades pues, al divinizar una esencia en el exterior, no activamos nuestro cerebro para tomar el control del interior y eso hace que el interior desequilibrado enferme el cuerpo por falta del control de la mente adulta.

Un ejemplo:

Estando ya en las eras presentes de los tiempos adultos de la humanidad, es decir, en el Hen, un niño recibe una paliza de otro niño.

El temor hacia ese otro niño no permite que el niño tenga una crítica hacia él, ni siquiera constructiva.

Esa postura hace que el niño atacado divinice al otro.

Ese niño que le había atacado presenta una esencia, por ejemplo la esencia de la E, por el aspecto que tenía.

Así que el niño atacado divinice la esencia de la E a través de ese niño que le atacó, que para él se transforma en el dios de la E.

La E es una esencia, y el niño en esa situación se ha creado el dios de la esencia E, el cual tiene un aspecto físico y el cual se transformó en un dios ante ese niño que pegó, haciendo que este, por miedo, olvidase incluso que le pegó y lo transformó en su ídolo E.

La vida de ese niño transcurrió en las eras del Hen, es decir, los tiempos adultos de la humanidad en los que está.

Y a lo largo de su vida había una fuerza mágica que le protegía de todos los problemas relacionados con la esencia E, pues ese dios E que el niño se había formado le protegía.

Pero un día ese niño se hizo adulto y eso, además de estar ya en los tiempos adultos de la humanidad, hizo que recordara todas esas cosas y las viese de un modo diferente.

El niño, de adulto, empezó a tener una crítica hacia ese niño que le pegó en el pasado, aunque era una crítica constructiva y no destructiva.

Tras esa crítica que el niño, ya transformado en adulto, hizo en su propia mente, hizo que cambiara su imagen de ídolo E, es decir, que el ídolo E ya no era ese niño que le pegó.

Con ello había liberado a la esencia E del exterior.

Esa esencia E ya liberada empezó a producirle problemas E en su entorno, pequeños problemas E, que Juan (así se llamaba) ya de adulto fue enfrentándose a todos ellos con su capacidad adulta y los fue venciendo.

Ese enfrentamiento a los problemas E ya no era un desequilibrio igual que cuando el dios E le protegía dándole un favoritismo a él y un desprecio a los demás.

Ahora esos problemas de la esencia E se presentaban más dominables y Juan los iba venciendo todos haciendo uso de su determinación adulta.

Empezó a vivir la esencia E en todas las cosas del entorno y eso le agradó, pues antes estaba apresada en su ídolo pero ahora la vivía a su alrededor en todo y con todos, creando situaciones muy agradables que antes no había tenido.

A su vez, esas enfermedades que antes hacían daño en su interior poniendo enfermo a su cuerpo y que eran de índole de esencia E habían dejado de producirse, y Juan se transformó en una persona sana tanto de cuerpo como de espíritu además de tener buenas relaciones con los demás, en una mutua aceptación y disfrute de las amistades.

Lo que le liberó fue el bajar del pedestal al ídolo E transformándole en un ser humano como otro con sus errores y sus aciertos, es decir, como un igual, después de haber realizado hacia él de un modo interno la crítica constructiva que le acusaba a él de un mal acto que cometió cuando pegó a Juan de niño.

Aunque no fue una crítica destructiva sino justa y constructiva para transformar a Bartolo en un igual, es decir, en un amigo, ofreciéndole comprensión y tras la comprensión perdón, tras el perdón aceptación y tras la aceptación ayuda, la cual se transforma en una ayuda mutua e igualitaria entre seres iguales que se aprecian y colaboran entre sí.

Esto mismo puede demostrar que los sacrificios que se realizaban de cabras, toros, etc., pertenecen al mismo error de divinizar elementos o personas del exterior estando ya en el Hen, en donde esa divinización se transforma en sacrificios tortuosos por hallarse ya fuera de lugar, es decir, en el Hen en vez de en el Hes, en donde estaba presente el tutor igual jerarca de la humanidad y en donde las divinizaciones estaban permitidas y eran positivas para poder asimilar las esencias que el ser humano necesitaba para poder formarse.

El hecho de que haya algunas épocas en las que han existido sacrificios tortuosos ya muestra que cuando se produjeron ya no estaba el tutor físico en la humanidad, pues esta ya no estaba en el Hes sino en el Hen y aún seguía usando los métodos del pasado Hes, es decir, de los tiempos infantiles de la humanidad, en los cuales es posible que sí existía una raza especial que estaba en contacto con la humanidad terrestre para conducirles y que eran sus dioses, y es muy posible que estos fuesen esos restos que se han encontrado en enterramientos con un cráneo alargado.

Es normal que en el pasado periodo infantil de la humanidad ese tutor físico fuese otra raza, es decir, otro colectivo de gente más avanzado que vivía en contacto con la humanidad.

Pues se trata de los tiempos infantiles de toda una humanidad, es decir, que toda una humanidad es niña y por lo tanto debe de estar en contacto con toda otra humanidad adulta que, por ser adulta, ya tiene otra forma de cuerpo físico y que es la encargada de guiar a la especie humana infantil que muy posiblemente eran los hombres de Cromagnon.

Pues en el colectivo y en sus tiempos infantiles y adultos sucede lo mismo que con el individuo en sus tiempos de niñez y de adultez.

Pues una persona de niño necesita de la jerarquía para poder sobrevivir, es decir, de la guía continua de su tutor físico, buen jerarca que suele estar representado con la figura del padre.

De lo cual se deduce que esa raza tutora de la humanidad terrestre durante sus tiempos infantiles eran además los padres de la humanidad terrestre, y convivieron con esta en los tiempos infantiles en un pasado remoto hasta que la humanidad terrestre entró en su etapa adulta y ese fue el momento en el que esa otra raza humana más adelantada les abandonó para permitirles evolucionar por sí mismos.

Aunque continúan vigilando por si en algún momento a la humanidad terrestre se le olvida tanto la sensatez adulta que debe de mantener que eso haga peligrar la Tierra hasta tal punto en el que ellos deban de intervenir para volver a situar a la humanidad terrestre en el camino adulto en el que debe de estar.


Fernando Ortolá 

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