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lunes, 24 de agosto de 2026

Las esencias en el arte

 


​Todo artista se siente fuertemente cautivado por la inspiración que le conduce a realizar su obra, en la cual también ha puesto una buena dosis de iniciativa e innovación, para poder vencer, con su propia voluntad, las barreras y obstáculos que la tradición le presenta, y así, tras su propio esfuerzo de consecución, poder expresar lo que quiere transmitir.

​Por eso cuando una persona va a un museo y contempla distintas obras de arte se siente igualmente cautivada por ellas, pues estas actúan como ventanas que transmiten a quien las observa la misma cautivación que el artista sintió al hacer sus creaciones y que luego a través de ellas transmite también al espectador.

​Igual que el artista necesitó una fuerte dosis de arranque e iniciativa, para poder vencer los obstáculos, que siempre frenan la innovación, lo mismo siente el visitante al entrar en un museo, y observa las obras sin poderse escapar de ellas, para lo cual necesita, igual que el artista, un esfuerzo de voluntad, para decir algo así como:

«Ahora me voy, y salgo de aquí, y ya seguiré mañana, u otro día».

​Es decir, que el arte no solamente transmite su parte más aparentemente afable y directa, que es el disfrute de lo que se está viendo a simple vista, y que llega a los sentidos de quien está escuchando o viendo esa obra de arte.

​Sino que el arte también transmite esa fuerte adicción al mensaje que comunica.

​Lo cual es un apego que no deja escapar al espectador, igual que antes tampoco dejó escapar al artista mientras creó la obra.

​Con ello el arte comunica esas cosas además de la belleza, comunica el apego hacia el tema que transmite, comunica también la fuerza de voluntad que hay que tener para poder liberarse de la obra y arrancar con la propia iniciativa, y comunica también el estímulo a despertar las propias ideas que contrasten con las que comunica la obra que se está viendo.

​Es decir que el artista activa las cuatro esencias del ser adulto: la E, la C, la F y la S.

​La E es la belleza, que activa en el individuo, por el esfuerzo que este debe de hacer en crear su propia belleza, para poder verse así liberado de la belleza de esa obra de arte, que ha contemplado y le ha atrapado.

​La C es la voluntad que activa en el espectador, pues este la necesita para poder liberarse de esa obra de arte que está viendo, arrancando así con una propia iniciativa que le lleve a expresar su propio arte.

​La F es la materia y el cuerpo físico que la obra activa en el espectador, pues esa pieza de arte que contempla ha paralizado su cuerpo, y debe de hacer un esfuerzo físico para liberarse, y crear las propias formas físicas, que le permitan su propia expresión como ser libre y autodidacta.

​La S es la mente que la obra de arte paraliza en el observador, pues le transmite las propias ideas, ante las cuales quien contempla esa obra de arte se siente motivado a tener que desarrollar las propias ideas, para así poder liberarse de esas ideas que le transmite el arte que observa y que le han atrapado.

​El crear arte es activar las propias esencias con intensidad, a través de un impulso nuevo, ante el que siempre se presentan las barreras y los obstáculos de las modas pasadas, que luchan por no desaparecer.

​Eso mismo es lo que en realidad y en el fondo transmite el arte, es decir que no es lo que normalmente aparenta de un modo superficial; el arte no se contagia a los demás, es decir que no alinea a la multitud, no les posee, sino todo lo contrario, activa a la gente en la lucha para no ser poseídos por ese mismo arte que observan, les activa para seguir siendo ellos mismos, seres libres, independientes y dignos de existir, con su propia expresión, ante lo cual, el espectador, debe de espabilarse y empezar a despertar las propias esencias de su propia vida, igual que el artista lo ha hecho, y que al fin y al cabo es lo que ha motivado en los espectadores, no a hacerse seguidores de esos artistas, sino a despertar en ellos las mismas esencias que los artistas han despertado al hacer sus obras, despertar en ellos el mismo autoconocimiento que el artista ha despertado en él mismo, despertar en ellos la misma posibilidad que el artista ha tenido de innovar, activar su propia voluntad y crear arte, caminos y modas nuevas, para el mundo, cada moda, estilo, arte o tendencia nacida de un ser, de una expresión, de una palabra y de una voz, de un modo exclusivo y único, para seguir siendo él mismo.

​El artista activa sus esencias y estimula al espectador para que también active las suyas.

​El artista crea, y con ello estimula al espectador para que también cree.

​El artista hace arte, y con ello también estimula a quien le observa para que igualmente haga su arte, y con ella dialogue con el artista a un nivel más alto, y a la vez humano, en una comunicación más agradable, por ser artística, sin ataduras, y de libre expresión.

​El artista se expresa en el nivel del arte, no buscando atrapar almas, sino todo lo contrario: para encontrar almas libres como la suya, que puedan dialogar con él, en el mundo del arte y de la expresión a ese intenso nivel.

​Por respeto y valoración hacia la vida y hacia todos.

​Fernando Ortolá

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