Continuación de la siguiente entrada anterior:
Cuando una humanidad llega a la adultez, los individuos tienen un dominio de la mente ya formada y necesitan activarla para poder realizar la función de cada uno, y con ella obtener los frutos necesarios para poder sobrevivir, que son a su vez los recursos naturales que todos los seres adultos deben de intercambiarse para poder mantenerse con salud e integridad.
En el pasado periodo infantil de la humanidad, venían únicamente a través de un camino unidireccional del buen tutor y jerarca, que es el que daba los frutos naturales a todos por igual para poder sobrevivir.
Pero cuando la humanidad alcanza la adultez, cambia esa dinámica, y los recursos naturales ya no vienen por un único sentido unidireccional del tutor hacia los individuos, sino que los frutos los producen los individuos mismos, y ellos son los que unos a otros se suministran a través de ese intercambio el recurso vital que necesitan para sobrevivir, el cual ya no viene de un punto central y de un modo jerárquico, sino que va de unos a otros, y ya no se produce únicamente en ese punto central, sino que todos los puntos exteriores de la órbita —es decir, todos los individuos— producen esos recursos naturales que se intercambian unos con otros para poder mantenerse con salud.
Por eso, cuando en una humanidad se alcanza el periodo de adultez, todos los individuos ya tienen su mente, sus emociones, su cuerpo y su identidad formadas, y deben de mantenerlas activas para poder fabricar cada cual su respectivo fruto e intercambiarlo por los frutos de los demás, para que así todos tengan los recursos básicos que necesitan para la supervivencia.
Cuando una humanidad llega a la adultez y todos sus individuos se mantienen siguiendo su propio determinismo y fabricando sus respectivos frutos, entonces todo va bien.
Pero cuando una humanidad llega a la adultez y cada individuo —con sus nuevas facultades mentales, físicas, emocionales y de identidad ya formadas y adquiridas— las usa como armas para someter a los demás individuos, entonces se produce un enfrentamiento que se deriva en un caos, insatisfacción, infelicidad y enfermedad, además de las consecuentes guerras que ese trastorno produce.
De todos modos, la naturaleza siempre da la posibilidad a todos los individuos de salir de ese caos.
Para ello, cada individuo debe de seguir su propio corazón adulto y activar sus esencias —es decir, su mente, su cuerpo, sus emociones y su identidad— siempre tras el corazón adulto, es decir, tras la paz y el amor, y de ese modo la misma naturaleza ayudará al ser adulto a liberarse de los ataques de los seres adultos que intentan someter a otros.
La naturaleza —es decir, el Padre Creador— siempre ayuda a los individuos adultos que se mantienen en la armonía para que venzan la distorsión que los adultos agresivos producen en ellos con el intento de someterles.
Para todo ello, los seres adultos de una humanidad adulta deben de mantenerse ahí, en la paz y la armonía, realizando la función adulta —es decir, activando las esencias, el cuerpo, la mente, las emociones y la identidad— para que así la naturaleza —es decir, el Padre Universal— pueda ayudarles a mantenerse con salud e integridad.
Casi todas las instituciones actuales están en la guerra, tanto material como espiritual, de sometimiento de unos sobre otros.
Aun así, la naturaleza siempre concede el modo de estar ahí a quienes viven en la paz para que se puedan defender de esas influencias negativas y mantener su salud.
La oscuridad que un individuo de una humanidad adulta puede sentir en su cuerpo, en su mente, en sus emociones y en su identidad es la oscuridad producida por otros seres adultos intentando someterle y esclavizarle.
Si ante ello el individuo adulto se queda inerte, sin activar su mente, sus emociones, su identidad y su cuerpo, entonces esa oscuridad le vencerá, le someterá y le esclavizará, y posteriormente le explotará hasta la muerte.
Para evitar que eso suceda, el individuo de la humanidad adulta actual no debe de quedarse solo sintiendo esa oscuridad que inunda todo su ser con el afán de poseerle, sino que ante esa oscuridad debe de saber que tiene la posibilidad de vencerla y que para ello hay que activar las esencias propias —es decir, la propia mente, el propio cuerpo, las propias emociones y la propia identidad—, pues de ese modo estamos haciendo lo que la naturaleza —es decir, el Padre— le está pidiendo que haga al individuo adulto, lo cual es activar sus esencias que ya tiene formadas, como es la activación de la mente, para que así el Padre Universal pueda ayudar al individuo a hacer la propia voluntad del Padre y la propia voluntad del individuo mismo, que es activar sus esencias ya formadas —es decir, su mente, su cuerpo, sus emociones y su identidad— para que de ese modo esa oscuridad que proviene de otros seres adultos agresivos no le pueda poseer ni esclavizar, y se pueda mantener en la realización plena y feliz de esta creación, tal como es la voluntad del Padre Creador y de todos sus hijos, que son todos los seres que la habitan.
Existe una forma y práctica natural como lo es la salida del sol y la puesta del sol que se realizan cada día, o la posición del mar abajo y el aire arriba, el color verde de la vegetación, etcétera.
Esa formación y práctica de la naturaleza no es un dogma, sino que está establecida como la base de nuestra vida, de la cual formamos parte dentro de toda esa naturaleza que la compone.
Cuando un ser adulto quiere esclavizar a otro, deforma esas pautas naturales con el intento de desconectar a sus víctimas de lo que les da la fuerza natural para así poder dominarlas.
Para ello, los individuos agresivos inventan una gran cantidad de normas y leyes, formas y dogmas que están fuera del orden natural de las cosas y de lo que el Padre Creador hace y mantiene.
Esas formas falsas y dogmáticas inventadas por los individuos agresivos son usadas por estos como redes para cazar a individuos libres y hacerles esclavos de ellos.
Los individuos apresados por ellos siempre tienen la posibilidad de liberarse de esas redes dogmáticas, y para ello deben de acercarse a las formas reales de la naturaleza y practicarlas, no para establecer con ellas su nuevo dogma, sino justamente para liberarse de los falsos dogmas y después poder mantenerse en la naturaleza en un estado de libertad y salud digno de todo ser viviente.
La práctica de las esencias propuesta por la cenuítica es un acercamiento a esas formas y prácticas naturales; es una imitación de estas para ayudar a los individuos apresados a regresar a la naturaleza.
Es decir que la práctica de las esencias no es un dogma apresante, sino una liberación de los dogmas apresantes.
La muestra de ello es que es una imitación de la naturaleza y a los ritmos naturales, y otra muestra de ello es que no es obligatoria, sino que se puede usar tan solo como un medio de sanación para liberarse de las enfermedades producidas por los dogmas apresantes. Y una vez liberado de ellos, cada individuo no necesita seguir realizando la práctica de las esencias, tan solo con toda libertad en el caso de que le resulte algo agradable de continuar en ello, pero nunca de un modo obligado, pues la única razón de existir de la práctica de las esencias es liberar a los individuos apresados por las prácticas dogmáticas. Una vez estos estén liberados, ya no es necesario que se mantengan en la práctica de las esencias, sino que continúen integrados de un modo libre y natural en la forma y práctica de la naturaleza en la que todos hemos nacido y de la cual formamos parte, para poder realizar el universo en el que estamos de un modo pleno, íntegro y total, tal como es el propósito de nuestras vidas y tal como todos en realidad sabemos en lo más hondo de todos.
Por el bienestar de todos por igual.
Un abrazo,
Fernando Ortolá
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