Un elemento se afina mejor comparándose con el elemento opuesto que comparándose con el mismo elemento.
Lo cual se puede comprobar con la afinación musical de los instrumentos.
Pues se sabe mejor que una nota está afinada cuando se compara con otra nota dentro de una melodía, más que comparándola con la misma nota según el proceso tradicional de afinación.
Esta realidad muestra que no hay ningún elemento que exista de un modo aislado, sino que necesita de los demás elementos para que le den la forma y la consistencia, es decir, el marco de sus propias características.
Trasladado al contexto humano, se comprende que cada individuo nunca existe solo de un modo aislado, sino que necesita de los demás individuos, incluso para formar y sostener la personalidad más íntima del individuo.
No somos seres aislados, sino que dependemos los unos de los otros.
Hay una corriente social que predica la filosofía contraria, acerca de que cada persona debe de pensar solo en sí misma y no en los demás, para poder progresar en la vida.
Esos principios son falsos y están basados en el hecho de que en las guerras tan solo vencen los malos, es decir, los que aplican la agresividad en mayor medida, y son ellos quienes transmiten la falsa filosofía acerca de que solo hay que pensar en uno mismo y no en los demás.
La buena filosofía está de parte de los buenos, que normalmente son los que pierden en las guerras, y por lo tanto no pueden transmitir la buena filosofía, para que esta vaya rodando de generación en generación y dando luz al porvenir, sin que vuelva a caer en nuevas guerras, en las cuales, cuando se cae, no vence el bueno sino el malo, pues la guerra es el terreno del malo en la cual este siempre vence.
La clave para que el bueno no sea derrotado por el malo es no ir nunca a luchar en el terreno del malo tal como este propone al bueno en la guerra que le declara.
El bueno solamente pierde cuando cae en esa trampa que el malo le tiende de ir a luchar a su terreno.
Lo que dispara a la forma de actuar del malo es la jerarquía de tiempos infantiles interfiriendo en los tiempos adultos.
Pues el niño sí que debe de pensar en él mismo, en su propio desarrollo, concentrarse en su propia formación y crecimiento, haciendo todo lo que el tutor le dice en todo momento.
El adulto ya entra en una interdependencia básica, natural y necesaria con los demás seres adultos para poder recibir el recurso natural que necesita para la supervivencia, el cual recibe a través de ese intercambio.
En una sociedad en la que la jerarquía de la pasada humanidad infantil interfiere en la igualdad de la adultez, aparecen esas personas que piensan solo en sí mismas, tal como es la filosofía infantil, los cuales, por estar afuera de lugar, se transforman en los que producen guerras.
Aunque en este punto hay que plantearse si son malos o no, pues en realidad, si practican la filosofía infantil es porque son niños, y si actúan mal es porque se hallan afuera de lugar, es decir, actuando en los tiempos adultos.
Por eso, en realidad, no se les puede catalogar de malos, sino tan solo de niños que necesitan atención para poder crecer con salud.
Es decir, que si en este mundo ya descartamos a los malos por verlos como niños que necesitan ayuda, entonces la culpa no recae en esos aparentes malos, sino en los aparentes buenos.
Debido a que los buenos, que en este caso se asocian a los seres adultos, no están realizando su labor igualitaria en la relación con los demás seres adultos, y por eso los niños, con su filosofía básica de pensar en ellos mismos, son los que dominan la situación.
Para que eso no suceda, los buenos, o digamos los aparentemente buenos, deben de realizar su práctica adulta e igualitaria.
Pues se hallan en los tiempos adultos, en donde de un modo es la norma igualitaria adulta la que tiene el poder de actuar.
Pero si no se actúa, entonces esa fuerza o poder adulto tampoco se manifiesta, y entonces, por inercia, vence el infantilismo que produce guerras por hallarse fuera de lugar.
Volviendo al principio de todo este enfoque y sabiendo que un elemento solo se afina con su elemento opuesto, eso nos lleva a la conclusión de que hay que intentar vivir con opuestos armónicos para poder estar afinados, es decir, para poder tener salud.
De lo cual se deduce también que si no vivimos con opuestos armónicos, es decir, si vivimos solo con enfrentamientos, entonces nunca podremos estar afinados, es decir, que no podremos ser seres adultos, íntegros, que siguen su propio determinismo y se sienten bien, pues nos faltará ese opuesto armónico para podernos afinar de un modo correcto, es decir, ser tal como somos: seres libres, íntegros y sanos.
Un abrazo
Fernando Ortolá
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