Un niño no puede detener su aliento de vida, pues este está sostenido por su tutor.
Un adulto ya tiene sus esencias formadas, su cuerpo, su mente, sus emociones y su identidad, y con estas ya puede y debe sostener por sí mismo su propio aliento de vida.
El modo de hacerlo es activando su propio determinismo adulto.
Su propio impulso vital (Ento) y circunstancias (Nento) ya le conducen a hacerlo así en cada momento, a seguir su propio determinismo, a estar Ahí, a la necesidad de activar su verdadera identidad creyendo en Dios (C), aceptando la dificultad y el esfuerzo (F), aceptando la acción de la mente (S) y aceptando el amor profundo (E).
Aceptando las 4 esencias ya formadas del ser adulto: C, F, S y E, se está Ahí, al Ahí que la cenuítica representa con la estrella simbólica que está en el centro del gráfico, el cual representa a las 4 esencias distribuidas en círculo según su orden natural y al cual la cenuítica le denomina la e4.
La estrella central representa el estar Ahí y también al aliento de vida, el cual se mantiene en el ser adulto cuando este acepta las 4 esencias.
Aceptar las 4 esencias es:
* C. Aceptar y activar la propia identidad.
Lo cual es aceptar a Dios, a la ayuda de Dios, creer en Dios (llámese vida, destino, suerte, amor, Padre, Creador, etc.), pues la verdadera identidad se activa creyendo en quien la ha creado y la conduce, creyendo en Dios.
* F. Aceptar y activar el propio trabajo. Lo cual es aceptar las propias limitaciones y obstáculos a vencer, el propio trabajo a realizar para alcanzar las metas venciendo las dificultades.
* S. Aceptar y activar la mente y el estudio. Cuál es aceptar el intento de comprender las cosas, el mundo en el que estamos, su composición, el modo de construir una sociedad de armonía y una tecnología limpia que nos ayude como herramienta humana a vivir con cada vez un mejor bienestar para todos por igual. Aceptar la comunicación y el contacto armónico con todos los seres.
* E. Aceptar el amor profundo. El sentimiento de amor natural y humano que se produce en el interior hacia todos y hacia todo. El éxtasis del Ahí.
Al aceptar y activar las 4 esencias se enciende la estrella del centro del gráfico, el estar Ahí, el aliento de vida, lo cual es lo que nos hace sentir de verdad bien, estando en cualquier circunstancia.
Con la intención de activar el aliento de vida, la vida (el Creador, el Padre) pone la estrella del Ahí, es decir, el aliento de vida, detrás de un muro, y ese muro tras el que pone el aliento de vida separándolo del individuo es el Fes.
Al principio, el ser adulto queda absolutamente decepcionado al ver que su propio aliento de vida ha quedado atrapado detrás de ese muro de limitación.
Eso puede representar un abismo absoluto ante el cual el ser adulto se ve totalmente imposibilitado de salir de esa difícil situación.
Pues se ve separado de su propio aliento de vida.
Aunque esa sea una situación aparentemente muy difícil e imposible de resolver, sin embargo, la vida no lo hace para dañar al individuo sino todo lo contrario, para ayudarle a vivir.
Es decir que lo hace para ayudarle a activar sus esencias ya formadas y a estar Ahí.
Pues cuando el individuo ve ante él un muro que le separa de su propio aliento de vida, esa difícil y trágica situación motiva a que el individuo despierte lo siguiente:
* La necesidad de creer en Dios, es decir, en algo superior que le pueda salvar de ese gran obstáculo que él no puede vencer por sí mismo.
* La necesidad de aceptar esa limitación, el esfuerzo que le supone tener que soportarla, el desafío que representa y el trabajo que debe de realizar para poder llegar a vencer esa limitación algún día.
* La necesidad de ponerse a pensar en cómo solucionar ese gran problema, es decir, aceptar la activación de su propia mente y estudio que le lleven a alcanzar la solución, es decir, a comprender la manera de poder vencer ese gran obstáculo. El modo de hacerlo. Lo cual activa al mismo tiempo la comunicación y el contacto con los demás seres adultos para que le informen el modo de vencer ese problema, o para juntos estudiar el modo de alcanzar la solución.
* La necesidad de vivir con amor y armonía hacia todos y hacia todo, hacia Dios que le ayuda a vencer el problema y hacia los demás que también le ayudan a lo mismo. La necesidad de agradecer profundamente a Dios y a todos por la ayuda ofrecida.
El muro ayuda a que el adulto active las 4 esencias, la identidad, el cuerpo, la mente y las emociones, y cuando estas se activan se produce el milagro de la vida, el muro desaparece, y el aliento de la vida vuelve a estar ante el ser adulto, como una estrella reluciente en el medio del gráfico de las cuatro esencias, como la estrella del Ahí, que representa el aliento de la vida, el medio del gráfico de la e4, tal como la cenuítica lo representa.
En ese momento el ser adulto puede comprobar por sí mismo que, cuando intenta atrapar el aliento de vida, deteniendo la marcha natural de la activación de una u otra esencia, entonces se pierde el aliento de vida que se perseguía, se detiene la respiración y el latido del corazón, y los demás ciclos biológicos del cuerpo también hacen un silencio, asfixiando al individuo y amenazándole con la pérdida de su salud; con ese intento del individuo en intentar poseer el aliento de vida, el individuo enrojece de esfuerzo conteniendo la respiración y las esencias, hasta que se empieza a sentir tan mal por atrapar con sus manos el aliento de la vida que eso le lleva a explotar en un forzado relax de abrir las manos y soltar el aliento de vida que intentaba atrapar, para permitir que este le siga conduciendo y activando sus esencias adultas, para que el aliento de vida, como una gran ave de luz, siga conduciendo a su espíritu tras el Creador, aceptando todas las esencias que le da, pero sin apegarse a ninguna de ellas para que sea de verdad el Creador quien siga llevando el espíritu del individuo hacia Él, en la mayor salud y felicidad que, como hijo suyo, el Padre Creador le pueda ofrecer.
Como experiencia personal puedo decir que, cuando pienso en el gráfico cenuítico de la e4, en el que están las 4 esencias con la estrella del Ahí en medio, e intento recordar la acción de cada esencia, se produce en mí el éxtasis del Ahí, el Nirvana. Al empezar el proceso del recuerdo de las 4 esencias, este sigue un recorrido circular empezando por la esencia C y dirigiéndose hacia la esencia F, después la S y finalmente la E, lo cual conduce al éxtasis del Ahí, es decir, a la estrella central del gráfico.
La línea de progreso ha seguido en realidad una espiral, empezando en la esencia C y girando hacia la derecha a la vez que se dirige hacia el centro del gráfico en donde está la estrella del Ahí.
También debo decir que ese recuerdo de las cuatro esencias se produce casi instantáneamente y de un modo simultáneo, es decir, el recuerdo de las cuatro esencias al mismo tiempo.
Como si mi espíritu aceptase de un modo simultáneo a las cuatro esencias y en ese momento se activase la estrella central, es decir, el éxtasis del Ahí.
El recuerdo de las cuatro esencias se produce muy rápido en mi mente, pues la activación de una esencia conduce automáticamente a la activación de las demás esencias.
Es decir que, si recuerdo que hay que creer en Dios y así acepto la esencia C, eso va unido directamente con la necesidad de aceptar la esencia F, es decir, la necesidad de aceptar el esfuerzo y el trabajo, el cual está respaldado por la ayuda de Dios. Al mismo tiempo se activa también la esencia S, la cual representa el uso de la herramienta mental del estudio necesaria para poder realizar el trabajo. Al mismo tiempo se activa también la esencia E, que es la verdadera felicidad interior que todo eso produce. Las cuatro esencias aceptadas y activadas encienden directamente el éxtasis del Ahí, que está representado por la estrella que está en el centro del gráfico.
Todo eso se produce de un modo automático y natural, como un gran aliento, un gran y profundo bienestar, una gran respiración de alivio en el corazón, que relaja todo el cuerpo haciendo que los nervios y la columna vertebral lleguen a un relax más profundo de lo habitual, con el cual se inunda una enorme paz y amor hacia todo y hacia todos.
La salud se fortalece.
Esta experiencia es tan grande que cada vez que la siento, siento un gran deseo de poder transmitirla a todo el que sufre para que se alivie su dolor y se sientan mejor, y a su vez para compartir esta experiencia con todos quienes también la sienten, por haber llegado a ellos de la misma manera que ha llegado a mí, a todas esas personas con las cuales esta experiencia me une a ellos en una sola luz de paz y amor eterna.
El poder recordar las 4 esencias de esta manera y sentir así el éxtasis del Ahí es para mí un regalo del Creador, por el cual estoy muy agradecido.
Aunque esta experiencia es muy gratificante, a la vez hay que ser muy prudentes.
Pues cada vez que el Ahí (el Creador, el que siempre está Ahí) me recuerda la aceptación de las cuatro esencias y con ello me regala el éxtasis del Ahí, la felicidad interior que eso produce es tan grande que se produce en mí un deseo de intentar atrapar esa experiencia para que se mantenga siempre.
Ese es mi error, pues cuando intento atraparla desaparece, y si insisto en ello asfixio mi propio aliento de vida, lo cual me hace sentir muy mal.
Es decir que puedo pasar de repente del cielo al infierno.
Para evitar que eso suceda y al menos mantenerme en paz hasta el momento en el que el éxtasis del Ahí vuelva a llegar a mí, es decir, para eso, debo dejar fluir esa experiencia, dejarla siempre en manos del Ahí, para que sea el Ahí quien la conduzca, de un modo natural y correcto como siempre, haciéndola llegar como un regalo a quien la necesita, es decir, confiando en el Ahí (en el Creador) en los momentos en los que esa experiencia no se tiene, para que sea el Ahí quien la traiga en su momento, tal como el Ahí siempre hace.
Cuando respeto eso y lo hago así, esa experiencia se mantiene más tiempo a mi lado.
Aunque también hay que decir que cuando el Ahí da esa experiencia, hay que aceptarla activando cada una de las cuatro esencias, recordando que hay que creer en Dios (C), hay que trabajar (F), hay que comprender (S) y hay que amar al prójimo (E), pues si cuando esa experiencia llega se rechaza el recuerdo de las esencias tal como lo da, entonces esa experiencia también se pierde.
Es decir que, para estar Ahí, no hay que comprender algo cuando no es el momento, es decir, cuando el Ahí no lo da, pero tampoco hay que dejar de comprender algo cuando es el momento, es decir, cuando el Ahí lo da.
Un abrazo.
Fernando
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Conclusiones y opiniones de los lectores: