Los ángeles caídos, los gigantes, etc., de los que se dice que son negativos, en realidad no lo son. Se dice de ellos que se hicieron adorar y que eso es negativo, aunque no lo es: es simplemente malinterpretado o desconocido.
Quienes llegaron a las tierras de Oriente Medio y a quienes se les llamaba gigantes pertenecían a la misma tierra y representaban al pueblo más evolucionado situado en el norte (el punto 3 del Cenu), los cuales descendieron hasta el punto 4 del Cenu para ayudar a la humanidad a pasar por su momento de pubertad, es decir, pasar de su niñez a su adultez, pues ese paso se encuentra también en el punto 4 del Cenu.
Se dice que se rebelaron en contra de Dios, pero no es así; simplemente mostraron su independencia a los habitantes del lugar para ayudarles también a empezar a vivir el principio de su adultez de un modo independiente, emancipándose así de la niñez —la cual se refleja en el cuadrante E del Cenu, que es el cuadrante del niño en torno al jerarca con cuerpo físico y considerado como Dios mismo, el cual es el equivalente a un padre carnal y del cual un individuo empieza a independizarse al llegar a la pubertad, es decir, al punto tres del Cenu, viendo el Cenu también en su aspecto de línea temporal que señala la evolución de la humanidad—.
El sacrificio del toro y el derramamiento de la sangre en la columna central del templo de Poseidón que presentan los relatos de Platón simboliza la sangre de la menstruación al alcanzar la pubertad. La columna representa el falo masculino y erguido al pasar la pubertad, en el cual se derrama la sangre del principio de la pubertad femenina; por eso aparece la sangre en la columna central del templo a la que los antiguos relatos se refieren.
El sacrificio del toro en ese lugar, al que también se refieren los relatos del pasado, representa a la masculinidad que, al igual que la columna, es vencida por la sangre de su sacrificio, lo cual significa que la masculinidad es vencida por la feminidad y juntos forman la procreación de la especie a partir de ese punto del 3 del Cenu.
Este suceso fue un eco que se repitió en la historia, en la cual aparecieron igualmente pueblos con hombres más altos y fuertes que se desplazaron a otros pueblos despojando a sus hombres de sus mujeres y quedándose con ellas, como sucedió en España con la visita o invasión de los pueblos del este del Mediterráneo —más altos— que invadieron España y desplazaron a los hombres quedándose con sus mujeres, tal como un estudio del ADN reciente lo ha demostrado. Eso mismo ha sucedido en otros lugares de la Tierra.
Y si es así, es porque también sucedió originalmente en el pasado, aunque en esas historias y en la historia original se suele demonizar al invasor, sin considerar que es un elemento que ha formado parte de los cimientos de la historia que se ha desarrollado a partir de ahí. Se considera que esos mismos invasores, por haberse cruzado con los oriundos y locales, son también los padres de las civilizaciones a las que fueron, de las cuales todos sus habitantes y descendientes tienen su sangre.
Es decir que esos visitantes del pasado no eran ni siquiera invasores, sino simplemente visitantes; no invadieron, sino que simplemente se relacionaron y aportaron su cultura para ayudar a los pueblos visitados a transitar ese paso difícil de la pubertad o emancipación, liberándose de los dioses jerárquicos del pasado y empezando a ser un «Dios» —entre comillas— cada uno. No exigen ser adorados tal como se les malinterpreta, sino que simplemente muestran su independencia e incitan a los demás a tener también su propia independencia, con lo cual se inicia la adultez y el intercambio de frutos entre todos. Es decir, se inicia la sociedad igualitaria, que es criticada únicamente por la jerarquía del pasado. Aunque ya no está vigente en los periodos de adultez, esta jerarquía lucha por sobrevivir creando todas esas confusiones, como por ejemplo la de referirse a la sociedad igualitaria naciente como «los malos de la película», los demonios o los ángeles caídos, cuando en realidad son simplemente seres humanos más evolucionados que vienen a ayudar a los seres humanos más atrasados para permitirles pasar por la puerta de su emancipación y pubertad. A estos seres se les quiere tanto que incluso se enamoran de ellos y se quedan con ellos tal como les piden, y gracias a ese amor tan intenso consiguen hacer que ese pueblo que acaba de salir de su pasado jerárquico logre independizarse, alcanzando la pubertad y empezando su camino hacia su adultez.
Toda la parte negativa de esa historia es una invención de la oscura jerarquía que no quiere desaparecer e inventa esos relatos llenos de negatividad para maldecir y demonizar a quienes realmente llegaron a ayudar y liberar a la humanidad de su pasado infantil jerárquico, para que pudieran entrar en su primer paso de su trayecto adulto, libre, independiente e igualitario. Todo ser y todo pueblo lo da en su momento de pubertad y emancipación: un potente momento en la vida de todos que como tal necesita la ayuda de la gente evolucionada que con todo su amor viene a ayudar, a pesar de las demonizaciones recibidas por parte de los que no quieren la libertad de los hijos por intentar retenerles como esclavos para su propio servicio.
Esa no es la única demonización que el pasado jerárquico —ya no vigente— dirige hacia la sociedad actual en su evolución hacia la igualdad para intentar frenar su avance. Hay otras demonizaciones hacia todos los pueblos, hacia todas las personas de unos a otros, hacia las esencias, hacia la materia por parte de los que la demonizan, a las emociones por parte de los que las demonizan, a la mente por parte de quien la demoniza, ya sea a la identidad por parte de quien la demoniza, hacia cada pueblo por los otros pueblos que le demonizan, o hacia cada persona por todas esas personas que le demonizan.
Y todas esas demonizaciones proceden de un solo lugar: del oscuro espíritu jerárquico y anacrónico procedente del pasado infantil de la humanidad.
La creencia de que uno mismo es divino y los demás no:
Últimamente, desde hace unos años, se descubre que en la historia pasada hay algo raro, y se deduce que los que en el pasado han sido denominados como «dioses» —y que han sido adorados— en realidad no eran tan buenos, sino que eran dioses castigadores. En la actualidad se usa mucho ese término de «dioses castigadores». Pero, en realidad, aunque hayan descubierto esa extrañeza del pasado, sin embargo no han profundizado mucho en ello.
La Cenuítica profundiza en ese fenómeno de hallazgo popular, yendo más allá del presentimiento y acercándose más a la comprensión de los posibles hechos que han desatado esos acontecimientos que pintan nuestro pasado.
Es lógico pensar que los habitantes de un pueblo dominador piensen de sí mismos que son dioses, y así se presentan ante los pueblos dominados por ellos como auténticos dioses. Cuanto más se consideren ser un dios, más jerárquica será la historia que les planten a sus dominados para hacerles creer lo superdioses que ellos son, es decir, que esa gente es la dominadora. Observado a través de una mente más actual, se comprende que esos dominadores no eran dioses, sino jerarcas.
Lo mismo se puede decir al revés, es decir, que si un pueblo es visitado por un pueblo más evolucionado, y el pueblo visitante ayuda a resolver problemas del pueblo visitado, entonces los visitados considerarán a sus visitantes como auténticos dioses, es decir, como divinos jerarcas que vienen a salvarles de los problemas. Es decir que, por ambas partes, los visitantes son considerados como dioses: tanto por parte de ellos mismos como por parte de los visitados, que así también les consideran. Es lógico que así sea, sobre todo en tiempos pasados, en donde la evolución era menor que actualmente.
Sin ir más lejos, y observando simplemente nuestro presente actual, muchas personas con talentos y vocación de ayuda hacia los demás son consideradas como seres divinos: como ese «divino amigo» que ayuda a todos económicamente, o ese otro «divino amigo» que alegra a todos con su sonrisa, o esa «divina hija» o «divino hijo» que quiere tanto a sus padres. En realidad no son dioses, pero se les llama divinos y se les ve grandes, como los «hombres grandes» pintados en las tablillas sumerias, que tal vez no eran más grandes físicamente, sino simplemente que tenían mayores cualidades humanas, es decir, que eran grandes personas, y así lo representaban en los grabados. No es lo mismo un hombre grande que un gran hombre.
El mismo efecto se puede ver en las religiones tradicionales del pasado, en las cuales había unos evangelizadores que iban a transmitir su religión a otros pueblos con la supuesta intención de salvarles. Iban a esas otras tierras en nombre de ese Dios más alto que representaba a su propio pueblo y, al predicar la religión al pueblo visitado, se presentaban como auténticos enviados de ese Dios más alto que les guía para que lo comuniquen a esas tierras visitadas.
Cualquier persona que comunique a otra un mensaje en nombre de Dios se transforma en un «ángel de Dios» y, por lo tanto, en un ser divino. Para muchas culturas del pasado, ese enviado transmisor de las palabras de Dios es para el otro un «Dios», aunque en realidad esos visitantes no sean dioses, sino simplemente seres humanos.
Cenu geografico. Las esencia de cada cuadrante.
Observando el Cenu de la e4 —el cual es un gráfico espacial (zonas geográficas) y temporal (línea de tiempo), con la esencia C abajo a la izquierda asociada a Occidente Sur, la esencia F arriba a la izquierda asociada a Occidente Norte, la esencia S arriba a la derecha asociada a Oriente Norte, y la esencia E abajo a la derecha asociada a Oriente Sur—, se puede decir que la esencia que nace en cada cuadrante es la que se halla presente en su lado opuesto, en el cuadrante opuesto.
Es decir, en Occidente Sur, que corresponde a la esencia C, es el lugar en donde nace la esencia opuesta, es decir, la esencia S.
Por lo tanto, considerando los cuatro estadios de la línea temporal de la vida de una persona —que son el niño, el joven, el adulto y el anciano—, la esencia naciente queda asociada a la primera de esas etapas, es decir, al niño. Con ello se puede saber cuál es la esencia niña en cada uno de los cuadrantes geográficos de la Tierra.
La esencia niña, al igual que un niño, produce alegría y a su vez compasión hacia ella; es decir, un deseo de abrazarla, protegerla y ayudarla a crecer, igual que un niño produce esas mismas sensaciones en un adulto. Hasta el punto de que un cachorro de león puede ser criado por un elefante, o un cachorro de elefante puede ser atendido por la madre de cualquier otro animal, pues los niños producen una atracción natural y resultan graciosos y atractivos ante los ojos de cualquier especie o forma de vida aparte de la propia.
Cada esencia nace en la parte opuesta del lugar que ocupa, igual que una Luna llena nace en su parte opuesta, es decir, justamente en el final de una Luna nueva en la cual empieza a nacer la Luna como un pequeño punto de luz, el cual es una «luna niña». Del mismo modo, en el solsticio de invierno nace la luz que se manifestará en el verano de un modo pleno, al igual que en una luna llena, que en este caso es estival.
Lo mismo se manifiesta en la religión con el nacimiento de Jesucristo, que se considera el nacimiento de la luz justo en el momento del solsticio de invierno —el 21 de diciembre, o muy próximo a este, el 24 de diciembre—, e incluso tiene lugar por la noche de ese día, justamente a las 12 de la noche, que es cuando simbólicamente se considera el momento más oscuro del día, su noche más profunda, la noche más profunda de un día, el final del día y el nacimiento de un nuevo día, simbolizando a su vez el solsticio de diciembre, en el que las noches son más largas y la oscuridad es mayor, pero en el que ese crecimiento de las noches largas se detiene y por lo tanto empieza el nacimiento de las noches cortas o días más largos, lo cual representa el nacimiento de la luz.
Siguiendo esta misma dinámica, y sabiendo las posiciones de las esencias y de los espacios geográficos sobre el Cenu de la e4, se puede saber también qué esencia nace en qué cuadrante, en el cual esa esencia es una niña. Sabiendo que eso es así, se puede saber también cómo evolucionan las esencias sobre la geografía terrestre.
Pues conociendo que una esencia es niña en cierto cuadrante geográfico, se deduce que en el siguiente cuadrante geográfico —según el giro hacia la izquierda en torno al Cenu— esa esencia se encuentra en un estado de juventud (es decir, es joven); en el siguiente cuadrante, esa misma esencia es adulta; y finalmente, en el cuarto cuadrante a partir de su nacimiento, esa esencia es anciana.
Vamos a comprobar ahora si lo que la Cenuítica dice coincide con la realidad del mundo:
Cuadrante F (espacio geográfico de Occidente Norte): La esencia E —que representa al amor como uno de sus atributos básicos— es una niña en Occidente Norte. Es decir, allí el amor, junto a la belleza (atributos de E), se presenta muy potente y gracioso, de un gran atractivo por ser nuevo, pero a su vez frágil como un niño. En los otros cuadrantes despierta la compasión, la atracción y el deseo paternalista de abrazarle y conducirle, igual que un niño despierta lo mismo en un adulto.
Cuadrante C (espacio geográfico de Occidente Sur): La esencia opuesta es la esencia S. Allí se presenta como niña la esencia S, que representa a la mente, la sabiduría, la tecnología, la comunicación y el progreso. Es decir, hay numerosos planes, palabras e ideas, pero muy seguido, por su fragilidad, no resultan, pues allí la esencia S de la mente es una niña y despierta la compasión positiva en los demás cuadrantes y el deseo de ayudarle en ese área de la tecnología.
Oriente Sur: La esencia niña es la esencia F. Tanto el cuerpo como la infraestructura social es una niña (es infantil, jerárquica) y despierta en los demás cuadrantes el deseo de ayudarle en esa área de la esencia F.
Oriente Norte: La esencia niña es la esencia C, lo cual produce en ellos un deseo infantil de reivindicar la propia identidad, lo cual no se consigue, al igual que un niño valiente que desea de un solo salto subir a la copa de un árbol de diez metros de altura, lo cual resulta atractivo y gracioso ante los demás cuadrantes, que con un fin paternalista intentan abrazarle y ayudarle en esa área de la vida.
Así pues, todos los cuadrantes geográficos son igualmente valiosos, necesarios e imprescindibles, pues todos tienen una debilidad y una virtud para que entre ellos exista una buena relación de intercambio, armonía y paz, pues así ha sido creado el mundo para la paz y no para el caos.
Al igual que cada cuadrante geográfico es un niño en una determinada esencia, es también un joven en otra esencia, un adulto en otra esencia y un anciano en otra esencia. Por eso, en líneas generales, ningún cuadrante es menos o más que los demás: todos ellos son hermanos que necesitan ayudarse mutuamente y compartir para poder vivir con la paz, la felicidad y la salud que necesitan tener.
Vamos a matizar el siguiente punto:
Occidente Sur:
Niño S, joven F, y adulto C y anciano E.
Occidente Norte:
Niño E, joven S, adulto F y anciano C.
Oriente Norte:
Niño C, joven E, adulto S y anciano F.
Oriente Sur:
Niño F, joven C, adulto E y anciano S.
. Estaría bien dar a conocer esta realidad esencial del mundo para que entre pueblos haya más comprensión, aceptación mutua y paz. Es imprescindible comprender que el estar ahí de cada uno es la solución y que el estar ahí es estar en la paz, guiado por el impulso vital de cada cual, pues la paz ya contiene la aceptación de los demás y el reconocimiento del creador, que es la misma paz.
Por naturaleza, cada ser vivo debe de tener libre su acceso a sentir su propia paz.
Pero eso es libres accesos a la paz personal de cada cual se ven obstruidos por los enfrentamientos entre unos y otros.
Cuando esos enfrentamientos se detienen el acceso a la paz se libera y cada persona puede ver la realidad tal como es.
Un abrazo.
Fernando Ortolá
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