Páginas

miércoles, 4 de noviembre de 2026

La buena dualidad y la mala

 1-  La igualdad básica entre jerarquía e igualdad:

El Espíritu Creador es la igualdad entre el Padre y el Hijo, la cual llena todo y abarca todo con su amor verdadero.

Pues:  F = C + F

(O bien la suma de las esencias según la proporción creadora).

La violencia separa al Padre del Hijo, los saca del todo y los ata a un pequeño elemento circunstancial y material: un pequeño elemento de espacio y de tiempo, como lo pueda ser una medalla, un cuadro, un traje, etc. El espíritu del individuo se queda atrapado en ese pequeño objeto, con el dolor y el sufrimiento que eso supone.

Para liberarse de ese objeto hay que hacer un esfuerzo de sacrificio. A más violencia haya habido antes, un mayor sacrificio por la paz hay que hacer después. Si se vive siempre en paz, el sacrificio desaparece por hacerse muy pequeño.

Dios no está solo adentro, ni solo afuera, sino adentro y afuera de todas las cosas y seres. Está en ambos lados de la dualidad armónica y natural: en la jerarquía y en la igualdad.

2-  El efecto Tadadótico musical

La música es un ejemplo de los tiempos del Tadadoto, el Ento, el Nento y el Pu.

La música juega con el Pu —el momento natural de intercambio (los momentos de tiempos exactos en los compases musicales)— presentándose antes o después de estos, y así produciendo distintos ritmos, vibraciones, emociones, sentimientos y mensajes que los oyentes captan dentro de ellos.

La música crea patrones de ritmos de intercambio interno entre las personas que sientan bien y son agradables a los oídos del oyente, pues le invitan a adoptar ese patrón de relación interna con sus semejantes para así poder establecer una armonía con ellos: una buena relación rítmica e interna que cada composición musical propone.

El intercambio de frutos entre seres adultos que anuncia el Tadadoto, el Ento y el Nento es interno, pues se produce a nivel interno, mental y telepático, como fórmula básica e inscrita en el ADN de todo ser vivo desde el primer momento de la existencia de cada uno, para que desde el interior se vaya proyectando al exterior con el curso de la evolución hasta formar la buena sociedad.

Por eso, al tratarse de una comunicación interna, la música afecta a esos patrones de intercambio interno con los demás, induciéndolos a distintas formas armónicas y rítmicas de comunicación interna. Eso es lo que hace que la música se sienta adentro, en donde el intercambio interno entre individuos se produce.

Esa es también la razón por la que las vibraciones de sonido pueden hacer que una piedra levite. Pues esa vibración de sonido actúa en la relación entre un objeto que se posa sobre el suelo y la Tierra, representada por el suelo. Alterando esa vibración profunda y entronización entre la Tierra y el objeto, se puede alterar también la fuerza de la gravedad que atrae el objeto hacia el suelo, y por lo tanto hacer que este levite y flote en el aire sobre el suelo.

Eso a su vez demuestra que la fuerza de la gravedad está creada por la interacción interna y profunda entre dos cuerpos unidos en el interior a través de una entronización cenuítica, a través de la cual se establece un intercambio profundo y rítmico de frutos entre ambos (Tadadoto): una interacción interna que es la productora de la fuerza de la gravedad, la cual no es más que la atracción que se ejerce entre ambos a través de la entronización mutua e interna.

3- Las esencias están en todo:

Las combinaciones de colores en las banderas son una muestra de la combinación de esencias que dirige a un país.

Pues los colores también son atributos de sus respectivas esencias.

Un abrazo.


 Fernando Ortolá


Metamofosis del contacto en la evolución

 


El hecho de que a más evolución más infieles son las mujeres a sus parejas se debe a los engaños en los que sus parejas les sumergen tan solo para obtener placer físico, muy lejos del amor verdadero hacia ellas.

Esos sofisticados engaños, en los que se usan drogas y confusión mental, llegan a ser tan extremos —en la búsqueda única del placer material— que aparecen técnicas sexuales raras y extrañas. Después, esas mujeres, por la falta del amor verdadero de sus parejas, dirigen esas prácticas hacia otras personas que pueden proceder de lugares menos evolucionados y que no están acostumbrados a ese modo de relacionarse. Por eso, entre esas otras personas hay quienes, por propia moralidad humana, rechazan ese tipo de contacto, y otros que sí que lo intentan asimilar, aunque con una total infelicidad: es decir, un gran sexo, sí, pero en un ambiente extremadamente infeliz. Pues esas otras personas, procedentes de lugares menos evolucionados, se sienten atrapadas por el sexo extraño, exagerado y sin amor verdadero de esas mujeres, que las han viciado en ello.

Pero la misma falta de amor con el que esas mujeres fueron en principio engañadas por sus parejas es la misma falta de amor que ellas —huyendo paradójicamente de esa carencia— transmiten, a través de su sexo exagerado, a esos visitantes de pueblos menos evolucionados. Les transmiten así la misma infelicidad que sus parejas les transmitieron a ellas, haciéndoles tremendamente infelices y encerrándoles dentro de un paraíso artificial de sexo exagerado y extraño, sustentado únicamente en el placer material y sin amor verdadero.

Estas situaciones son en gran parte lo que produce ese gran rechazo de los visitantes de pueblos menos evolucionados hacia los habitantes de pueblos más evolucionados que los reciben, sintiendo de estos un gran desprecio. Por ejemplo, el desprecio que un hombre visitante recibe de una mujer originaria de una sociedad más evolucionada, la cual le trata con ese sexo exagerado y extraño a cambio del amor verdadero que es lo único que el visitante le puede ofrecer. Ante el trato totalmente materialista y sin amor verdadero de la mujer hacia él, el visitante se siente enormemente despreciado por haberle entregado su corazón de amor verdadero y haber sido totalmente repudiado por ella.

Esto se produce no solo en el área de las relaciones sexuales, sino en todas las áreas en las que el inmigrante entra en contacto con las tierras más evolucionadas a las que se dirige.

Esa es la cuestión por la que el inmigrante se siente tremendamente marginado por los locales, percibiendo de ellos un gran desprecio y marginación, lo cual produce en él una profunda infelicidad.

Para poder solucionar estos problemas, que son plenamente actuales, hay que profundizar en ellos, comprenderlos a fondo desde un punto de vista real y humano, para así terminar con esta situación por la felicidad y la salud tanto de unos como de otros, tanto de locales como de inmigrantes.

Por un mejor contacto y armonía entre todos.

Tampoco se puede decir que todos los locales sean malos, pues tambien hay buenos, al igual que tamooco se puede decir que todos los visitantes sean buenos pues tambien hay malos.

Al igual que tampoco se puede decir que la agresión venga solo de las mujeres o solo de los hombres.

Tanto el machismo como el feminismo son igualmente agresivos y se encuentran en el Sire.

La  masculinidad y la feminidad son positivas y estan en el Adi.

El feminismo es un machismo femenino, es devolver golpe por golpe, en vez de recurrir al equilibrio, al Adi, a la paz.

El feminismo esta lleno de Kekes, que son esas terapias con máscara luminosa pero con un violento contenido de deseo de agresion hacia la victima.

Son ataques mentales bajo mano tras un aspecto de "bondad".

Son como los ataques de una bruja disfrazada de hada.

Los Kekes son esas terapias Doplis nacidas solo para taponar la fuente vital y humana de alguien al que se le tiene un mal sentimiento de celos y envidia, y que se intenta desvalorizar para que deje de producir la atraccion natural hacia una tercera persona por la que quien hace el Keke está interesado, y a la cual a través del Keke quiere ataer, para lo cual intenta que esa persona que le interesa deje de ser atraída por por esa otra persona que ejerce una atracción natural hacia ella.

Un abrazo.


 Fernando Ortolá


Ángeles caídos y gigantes


Los ángeles caídos, los gigantes, etc., de los que se dice que son negativos, en realidad no lo son. Se dice de ellos que se hicieron adorar y que eso es negativo, aunque no lo es: es simplemente malinterpretado o desconocido.

Quienes llegaron a las tierras de Oriente Medio y a quienes se les llamaba gigantes pertenecían a la misma tierra y representaban al pueblo más evolucionado situado en el norte (el punto 3 del Cenu), los cuales descendieron hasta el punto 4 del Cenu para ayudar a la humanidad a pasar por su momento de pubertad, es decir, pasar de su niñez a su adultez, pues ese paso se encuentra también en el punto 4 del Cenu.

Se dice que se rebelaron en contra de Dios, pero no es así; simplemente mostraron su independencia a los habitantes del lugar para ayudarles también a empezar a vivir el principio de su adultez de un modo independiente, emancipándose así de la niñez —la cual se refleja en el cuadrante E del Cenu, que es el cuadrante del niño en torno al jerarca con cuerpo físico y considerado como Dios mismo, el cual es el equivalente a un padre carnal y del cual un individuo empieza a independizarse al llegar a la pubertad, es decir, al punto tres del Cenu, viendo el Cenu también en su aspecto de línea temporal que señala la evolución de la humanidad—.

El sacrificio del toro y el derramamiento de la sangre en la columna central del templo de Poseidón que presentan los relatos de Platón simboliza la sangre de la menstruación al alcanzar la pubertad. La columna representa el falo masculino y erguido al pasar la pubertad, en el cual se derrama la sangre del principio de la pubertad femenina; por eso aparece la sangre en la columna central del templo a la que los antiguos relatos se refieren.

El sacrificio del toro en ese lugar, al que también se refieren los relatos del pasado, representa a la masculinidad que, al igual que la columna, es vencida por la sangre de su sacrificio, lo cual significa que la masculinidad es vencida por la feminidad y juntos forman la procreación de la especie a partir de ese punto del 3 del Cenu.

Este suceso fue un eco que se repitió en la historia, en la cual aparecieron igualmente pueblos con hombres más altos y fuertes que se desplazaron a otros pueblos despojando a sus hombres de sus mujeres y quedándose con ellas, como sucedió en España con la visita o invasión de los pueblos del este del Mediterráneo —más altos— que invadieron España y desplazaron a los hombres quedándose con sus mujeres, tal como un estudio del ADN reciente lo ha demostrado. Eso mismo ha sucedido en otros lugares de la Tierra.

Y si es así, es porque también sucedió originalmente en el pasado, aunque en esas historias y en la historia original se suele demonizar al invasor, sin considerar que es un elemento que ha formado parte de los cimientos de la historia que se ha desarrollado a partir de ahí. Se considera que esos mismos invasores, por haberse cruzado con los oriundos y locales, son también los padres de las civilizaciones a las que fueron, de las cuales todos sus habitantes y descendientes tienen su sangre.

Es decir que esos visitantes del pasado no eran ni siquiera invasores, sino simplemente visitantes; no invadieron, sino que simplemente se relacionaron y aportaron su cultura para ayudar a los pueblos visitados a transitar ese paso difícil de la pubertad o emancipación, liberándose de los dioses jerárquicos del pasado y empezando a ser un «Dios» —entre comillas— cada uno. No exigen ser adorados tal como se les malinterpreta, sino que simplemente muestran su independencia e incitan a los demás a tener también su propia independencia, con lo cual se inicia la adultez y el intercambio de frutos entre todos. Es decir, se inicia la sociedad igualitaria, que es criticada únicamente por la jerarquía del pasado. Aunque ya no está vigente en los periodos de adultez, esta jerarquía lucha por sobrevivir creando todas esas confusiones, como por ejemplo la de referirse a la sociedad igualitaria naciente como «los malos de la película», los demonios o los ángeles caídos, cuando en realidad son simplemente seres humanos más evolucionados que vienen a ayudar a los seres humanos más atrasados para permitirles pasar por la puerta de su emancipación y pubertad. A estos seres se les quiere tanto que incluso se enamoran de ellos y se quedan con ellos tal como les piden, y gracias a ese amor tan intenso consiguen hacer que ese pueblo que acaba de salir de su pasado jerárquico logre independizarse, alcanzando la pubertad y empezando su camino hacia su adultez.

Toda la parte negativa de esa historia es una invención de la oscura jerarquía que no quiere desaparecer e inventa esos relatos llenos de negatividad para maldecir y demonizar a quienes realmente llegaron a ayudar y liberar a la humanidad de su pasado infantil jerárquico, para que pudieran entrar en su primer paso de su trayecto adulto, libre, independiente e igualitario. Todo ser y todo pueblo lo da en su momento de pubertad y emancipación: un potente momento en la vida de todos que como tal necesita la ayuda de la gente evolucionada que con todo su amor viene a ayudar, a pesar de las demonizaciones recibidas por parte de los que no quieren la libertad de los hijos por intentar retenerles como esclavos para su propio servicio.

Esa no es la única demonización que el pasado jerárquico —ya no vigente— dirige hacia la sociedad actual en su evolución hacia la igualdad para intentar frenar su avance. Hay otras demonizaciones hacia todos los pueblos, hacia todas las personas de unos a otros, hacia las esencias, hacia la materia por parte de los que la demonizan, a las emociones por parte de los que las demonizan, a la mente por parte de quien la demoniza, ya sea a la identidad por parte de quien la demoniza, hacia cada pueblo por los otros pueblos que le demonizan, o hacia cada persona por todas esas personas que le demonizan.

Y todas esas demonizaciones proceden de un solo lugar: del oscuro espíritu jerárquico y anacrónico procedente del pasado infantil de la humanidad.

La creencia de que uno mismo es divino y los demás no:

Últimamente, desde hace unos años, se descubre que en la historia pasada hay algo raro, y se deduce que los que en el pasado han sido denominados como «dioses» —y que han sido adorados— en realidad no eran tan buenos, sino que eran dioses castigadores. En la actualidad se usa mucho ese término de «dioses castigadores». Pero, en realidad, aunque hayan descubierto esa extrañeza del pasado, sin embargo no han profundizado mucho en ello.

La Cenuítica profundiza en ese fenómeno de hallazgo popular, yendo más allá del presentimiento y acercándose más a la comprensión de los posibles hechos que han desatado esos acontecimientos que pintan nuestro pasado.

Es lógico pensar que los habitantes de un pueblo dominador piensen de sí mismos que son dioses, y así se presentan ante los pueblos dominados por ellos como auténticos dioses. Cuanto más se consideren ser un dios, más jerárquica será la historia que les planten a sus dominados para hacerles creer lo superdioses que ellos son, es decir, que esa gente es la dominadora. Observado a través de una mente más actual, se comprende que esos dominadores no eran dioses, sino jerarcas.

Lo mismo se puede decir al revés, es decir, que si un pueblo es visitado por un pueblo más evolucionado, y el pueblo visitante ayuda a resolver problemas del pueblo visitado, entonces los visitados considerarán a sus visitantes como auténticos dioses, es decir, como divinos jerarcas que vienen a salvarles de los problemas. Es decir que, por ambas partes, los visitantes son considerados como dioses: tanto por parte de ellos mismos como por parte de los visitados, que así también les consideran. Es lógico que así sea, sobre todo en tiempos pasados, en donde la evolución era menor que actualmente.

Sin ir más lejos, y observando simplemente nuestro presente actual, muchas personas con talentos y vocación de ayuda hacia los demás son consideradas como seres divinos: como ese «divino amigo» que ayuda a todos económicamente, o ese otro «divino amigo» que alegra a todos con su sonrisa, o esa «divina hija» o «divino hijo» que quiere tanto a sus padres. En realidad no son dioses, pero se les llama divinos y se les ve grandes, como los «hombres grandes» pintados en las tablillas sumerias, que tal vez no eran más grandes físicamente, sino simplemente que tenían mayores cualidades humanas, es decir, que eran grandes personas, y así lo representaban en los grabados. No es lo mismo un hombre grande que un gran hombre.

El mismo efecto se puede ver en las religiones tradicionales del pasado, en las cuales había unos evangelizadores que iban a transmitir su religión a otros pueblos con la supuesta intención de salvarles. Iban a esas otras tierras en nombre de ese Dios más alto que representaba a su propio pueblo y, al predicar la religión al pueblo visitado, se presentaban como auténticos enviados de ese Dios más alto que les guía para que lo comuniquen a esas tierras visitadas.

Cualquier persona que comunique a otra un mensaje en nombre de Dios se transforma en un «ángel de Dios» y, por lo tanto, en un ser divino. Para muchas culturas del pasado, ese enviado transmisor de las palabras de Dios es para el otro un «Dios», aunque en realidad esos visitantes no sean dioses, sino simplemente seres humanos.

Cenu geografico. Las esencia de cada cuadrante.

Observando el Cenu de la e4 —el cual es un gráfico espacial (zonas geográficas) y temporal (línea de tiempo), con la esencia C abajo a la izquierda asociada a Occidente Sur, la esencia F arriba a la izquierda asociada a Occidente Norte, la esencia S arriba a la derecha asociada a Oriente Norte, y la esencia E abajo a la derecha asociada a Oriente Sur—, se puede decir que la esencia que nace en cada cuadrante es la que se halla presente en su lado opuesto, en el cuadrante opuesto.

Es decir, en Occidente Sur, que corresponde a la esencia C, es el lugar en donde nace la esencia opuesta, es decir, la esencia S.

Por lo tanto, considerando los cuatro estadios de la línea temporal de la vida de una persona —que son el niño, el joven, el adulto y el anciano—, la esencia naciente queda asociada a la primera de esas etapas, es decir, al niño. Con ello se puede saber cuál es la esencia niña en cada uno de los cuadrantes geográficos de la Tierra.

La esencia niña, al igual que un niño, produce alegría y a su vez compasión hacia ella; es decir, un deseo de abrazarla, protegerla y ayudarla a crecer, igual que un niño produce esas mismas sensaciones en un adulto. Hasta el punto de que un cachorro de león puede ser criado por un elefante, o un cachorro de elefante puede ser atendido por la madre de cualquier otro animal, pues los niños producen una atracción natural y resultan graciosos y atractivos ante los ojos de cualquier especie o forma de vida aparte de la propia.

Cada esencia nace en la parte opuesta del lugar que ocupa, igual que una Luna llena nace en su parte opuesta, es decir, justamente en el final de una Luna nueva en la cual empieza a nacer la Luna como un pequeño punto de luz, el cual es una «luna niña». Del mismo modo, en el solsticio de invierno nace la luz que se manifestará en el verano de un modo pleno, al igual que en una luna llena, que en este caso es estival.

Lo mismo se manifiesta en la religión con el nacimiento de Jesucristo, que se considera el nacimiento de la luz justo en el momento del solsticio de invierno —el 21 de diciembre, o muy próximo a este, el 24 de diciembre—, e incluso tiene lugar por la noche de ese día, justamente a las 12 de la noche, que es cuando simbólicamente se considera el momento más oscuro del día, su noche más profunda, la noche más profunda de un día, el final del día y el nacimiento de un nuevo día, simbolizando a su vez el solsticio de diciembre, en el que las noches son más largas y la oscuridad es mayor, pero en el que ese crecimiento de las noches largas se detiene y por lo tanto empieza el nacimiento de las noches cortas o días más largos, lo cual representa el nacimiento de la luz.

Siguiendo esta misma dinámica, y sabiendo las posiciones de las esencias y de los espacios geográficos sobre el Cenu de la e4, se puede saber también qué esencia nace en qué cuadrante, en el cual esa esencia es una niña. Sabiendo que eso es así, se puede saber también cómo evolucionan las esencias sobre la geografía terrestre.

Pues conociendo que una esencia es niña en cierto cuadrante geográfico, se deduce que en el siguiente cuadrante geográfico —según el giro hacia la izquierda en torno al Cenu— esa esencia se encuentra en un estado de juventud (es decir, es joven); en el siguiente cuadrante, esa misma esencia es adulta; y finalmente, en el cuarto cuadrante a partir de su nacimiento, esa esencia es anciana.

Vamos a comprobar ahora si lo que la Cenuítica dice coincide con la realidad del mundo:

 Cuadrante F (espacio geográfico de Occidente Norte): La esencia E —que representa al amor como uno de sus atributos básicos— es una niña en Occidente Norte. Es decir, allí el amor, junto a la belleza (atributos de E), se presenta muy potente y gracioso, de un gran atractivo por ser nuevo, pero a su vez frágil como un niño. En los otros cuadrantes despierta la compasión, la atracción y el deseo paternalista de abrazarle y conducirle, igual que un niño despierta lo mismo en un adulto.

 Cuadrante C (espacio geográfico de Occidente Sur): La esencia opuesta es la esencia S. Allí se presenta como niña la esencia S, que representa a la mente, la sabiduría, la tecnología, la comunicación y el progreso. Es decir, hay numerosos planes, palabras e ideas, pero muy seguido, por su fragilidad, no resultan, pues allí la esencia S de la mente es una niña y despierta la compasión positiva en los demás cuadrantes y el deseo de ayudarle en ese área de la tecnología.

 Oriente Sur: La esencia niña es la esencia F. Tanto el cuerpo como la infraestructura social es una niña (es infantil, jerárquica) y despierta en los demás cuadrantes el deseo de ayudarle en esa área de la esencia F.

 Oriente Norte: La esencia niña es la esencia C, lo cual produce en ellos un deseo infantil de reivindicar la propia identidad, lo cual no se consigue, al igual que un niño valiente que desea de un solo salto subir a la copa de un árbol de diez metros de altura, lo cual resulta atractivo y gracioso ante los demás cuadrantes, que con un fin paternalista intentan abrazarle y ayudarle en esa área de la vida.

Así pues, todos los cuadrantes geográficos son igualmente valiosos, necesarios e imprescindibles, pues todos tienen una debilidad y una virtud para que entre ellos exista una buena relación de intercambio, armonía y paz, pues así ha sido creado el mundo para la paz y no para el caos.

Al igual que cada cuadrante geográfico es un niño en una determinada esencia, es también un joven en otra esencia, un adulto en otra esencia y un anciano en otra esencia. Por eso, en líneas generales, ningún cuadrante es menos o más que los demás: todos ellos son hermanos que necesitan ayudarse mutuamente y compartir para poder vivir con la paz, la felicidad y la salud que necesitan tener.

Vamos a matizar el siguiente punto:

Occidente Sur:

Niño S, joven F, y adulto C y anciano E.

Occidente Norte:

Niño E, joven S, adulto F y anciano C.

Oriente Norte:

Niño C, joven E, adulto S y anciano F.

Oriente Sur:

Niño F, joven C, adulto E y anciano S.

. Estaría bien dar a conocer esta realidad esencial del mundo para que entre pueblos haya más comprensión, aceptación mutua y paz. Es imprescindible comprender que el estar ahí de cada uno es la solución y que el estar ahí es estar en la paz, guiado por el impulso vital de cada cual, pues la paz ya contiene la aceptación de los demás y el reconocimiento del creador, que es la misma paz.

Por naturaleza, cada ser vivo debe de tener libre su acceso a sentir su propia paz.

Pero eso es libres accesos a la paz personal de cada cual se ven obstruidos por los enfrentamientos entre unos y otros.

Cuando esos enfrentamientos se detienen el acceso a la paz se libera y cada persona puede ver la realidad tal como es.

Un abrazo.


Fernando Ortolá








En el Ahí

 

7 puntos más que recuerdan el estar Ahí:

1. El mal salvador / El buen salvador

El mal salvador:

Quien salva a alguien es el mismo que antes le ha condenado. Le salva no por el salvado, sino por sí mismo, para desprenderse del sentimiento de culpa que tiene por haber condenado antes, movido por un mal sentimiento de no aceptación hacia él. Le salva no por el otro, sino para pagar el propio karma, para pagar por el propio pecado cometido. No salva al otro, sino que intenta salvarse a sí mismo. No para dar la libertad al otro, sino para someterle. No para reconocer y aceptar su ser, sus acciones, sus ideas, sus sentimientos y sus creencias, sino para taponarlas y obligarle a aceptar nuestras acciones, ideas, sentimientos y creencias. No para compartir, sino para capturarle.

El buen salvador:

El que salva a otro al mismo tiempo que ese otro le salva a él. El que acepta las acciones, las ideas, los sentimientos y las creencias del otro, al igual que el otro acepta lo mismo de él. El que acepta el amor del otro al igual que el otro acepta el suyo.

2. La desmasculinización de la sociedad

La decoración, los adornos y las artes excesivas en los medios de comunicación y en la infraestructura pública despojan a la sociedad de su esencia masculina, aportándole un exceso de esencia femenina —al igual que una mujer se decora y embellece más que el hombre—.

Lo cual, al ser excesivo, debilita a la sociedad, quitándole ese aspecto masculino que necesita para que ambas partes se encuentren equilibradas: la belleza y la fuerza, para conseguir así una sociedad sana y feliz.

En los países más evolucionados se suele ver esa esencia masculina en los presentadores de televisión de los medios de comunicación, etc., es decir, en esos hombres que las sociedades extremadamente feministas detestan y que apartan de la vista pública, de las instituciones y de los medios de comunicación, embelleciendo así a la sociedad como a una mujer excesivamente engalanada y quitándole la fuerza que necesita para tener el equilibrio que le evitaría caer en conflictos y enfermedades.

3. Los componentes del «Ahí»

El estar Ahí se compone de los siguientes elementos:

 El Inin.

 El impulso vital.

 El amor a Dios.

 El amor al prójimo.

 La chispa.

 La acción de las esencias.

 El cuerpo, la mente, las emociones y el propio determinismo.

 La libertad y la felicidad, etc.

Todo eso está junto en el estar Ahí. Cuando un sentimiento oscuro quita alguno de esos ingredientes, la persona deja de estar Ahí y se siente mal; está en el chispo.

La práctica de las esencias contiene todos los ingredientes del Ahí para ayudar al individuo a estar Ahí, o para regresar al Ahí si antes se había dejado de estar.

4. Cabeza y cabello

No es el cabello el que se va, sino la cabeza la que crece: la sensatez de la adultez. No es esta vida la que se va, sino el espíritu el que crece.

Después de esta vida viene el cabello personificado a decir al espíritu cómo le ha tratado. Después viene la personificación de la compasión y de los demás valores a hablar del mismo modo con la persona, así: «En tal ocasión me has tratado bien, en tal otra me has desatendido».

5. Efectos del «Osco» (oscuridad descanalizada)

La rumiación mental es una guerra mental y telepática contra otro; no es algo de la misma persona. El estar Ahí en el Doki la quita.

El acto inversor de la oscuridad hacia la luz transforma la cruz positiva y creadora —que se refleja en el cruce entre el cerebro y el cuerpo— y la convierte en una cruz de dolor que crucifica al individuo.

6. Los objetos que atan el espíritu (El relato de Berto y el Sire)

La violencia ata a las mentes en objetos externos a través de una dualidad negativa (el Sire).

Por ejemplo, Berto se encuentra con la violencia de un fanatismo que intenta hacerle creer que el lado norte de un edificio es mejor que el lado sur, pues entre los de la escalera norte y los de la escalera sur juegan partidos de fútbol enfrentándose entre sí: el equipo norte contra el equipo sur y viceversa. Alguien que vive en otra parte de la ciudad, Berto, llega allí un día de paseo y hace una pausa en un parque junto al edificio.

Allí sentado en un banco, se le acerca un grupo de jóvenes que pensaban que él vivía allí, en el enorme edificio, y le obligan a cantar el himno del equipo sur del edificio. Él se niega; ve un ambiente fanático y violento, no le gusta y se quiere ir. Pero con amenazas le obligan a quedarse y a cantar con ellos. Por miedo a que le peguen, empieza a cantar. Se burlan de él y lo desprecian. Finalmente le dejan marchar y regresa a casa totalmente triste y abatido. Ha participado de un acto violento al que le han obligado a participar. Eso le hace sentir profundamente enojado en contra del equipo de fútbol del edificio sur, y llevado por ese sentimiento de odio y la violencia que se enciende en él, decide regresar para devolver el golpe al equipo sur, haciéndose fan del equipo norte, el cual, en su fanatismo, es igual de violento que el equipo sur.

La violencia ha hecho que Berto, el protagonista de este relato, polarice su mente en la dualidad negativa de dos bandos, la cual le ha atado de un modo negativo al edificio de los dos equipos de fútbol enfrentados entre sí. Es decir que la violencia ha dirigido a Berto al camino inverso al que cualquier ser sigue, llevándole a la dualidad creadora positiva (noche y día, C y F) de un modo negativo, con violencia, intentando poseer con ira a la fuente creadora —la cual ha pasado de ser el origen dual y positivo (a partir del cual se multiplica con paz y amor la diversidad de la creación) a ser la dualidad enfrentada, ensangrentada y dolida de la violencia y los dos bandos de la guerra: el Sire—.

El camino positivo y creador de Berto en su adultez hacia la buena diversidad del universo creado y la Malla de Luz se ha invertido de un modo negativo y violento hacia la dualidad original, haciendo así que esa dualidad original quede atrapada, así, fuera de lugar en el territorio ajeno de la diversidad, manifestándose a través de un objeto externo de la diversidad —como es el edificio de los equipos de fútbol—, atando a Berto a este de un modo tortuoso (Sire, cruz de dolor) y conduciéndole a la violencia, la oscuridad, la infelicidad y la enfermedad.

El cruce positivo de la creación —que el Creador usa para tener frente a él a la creación— es similar al efecto fotográfico de la imagen que se proyecta de un modo inverso a través de un agujero, situado en el centro del cruce de la órbita plena creadora doblada en ocho, creando así una oposición armónica entre Él y su creación. Esta, con la vibración de violencia, se invierte en su reflejo hacia el entorno de los seres creados que han participado de esa violencia.

Y aunque en el fondo ese cruce creador de la órbita plena doblada en ocho se mantenga siempre positivo sosteniendo la creación, sin embargo, en el entorno de un individuo que actúa con violencia se transforma en un cruce negativo, una cruz de dolor, el Sire, la guerra, que le ata a un eje de opuestos violento y sin sentido, que se halla en torno a un objeto externo, circunstancial y material, como lo pueda ser un edificio (como en el caso de Berto citado en el ejemplo) o como lo pueda ser cualquier otro objeto material y eventual del exterior: una caja de zapatos, un reloj, un traje de lujo, un collar de perlas, una motocicleta, u otro objeto material externo por cuya posesión una persona puede salir de la paz y entrar en un estado de violencia.

Esto produce esa dualidad sin sentido en torno a ese objeto material, dejando a la persona dolorosamente atrapada en él y separada eventualmente de la acción de las esencias en la que, como ser adulto y ya formado, se encontraba antes de su estallido de violencia; es decir, antes de haber sido atrapado por esa dualidad sin sentido en torno a ese objeto externo, material, circunstancial y perecedero, que ha frenado la evolución de su espíritu hacia la eternidad.

Así queda separado de la acción de sus esencias adultas —el cuerpo, la mente, las emociones y la identidad ya formadas— y separado también de la diversidad adulta y positiva, es decir, del intercambio de frutos con los demás seres adultos para poder obtener el recurso y alimento vital que todo ser adulto necesita, y que se obtiene del intercambio de frutos con los demás seres adultos en una buena sociedad creada y formada entre todos.

Quien sigue la norma natural adulta activando sus esencias y trabajando en la buena sociedad (Doki) (quien está Ahí) no es tan propenso a ser captado por ambientes de violencia, ni a ser su espíritu atrapado en estos y en la dualidad sin sentido que estos crean en torno a los objetos materiales que esa violencia desea atrapar y poseer con fanatismo ciego.

El ser adulto que está Ahí (en la paz) se libra de todo ese mal, pues si a través de una esencia le amenaza un ambiente de violencia, siempre tiene la posibilidad de elegir otra esencia que se le presente pacífica en ese momento para poder alejarse de ese núcleo negativo sin que este pueda atraparlo. Pues la naturaleza (el Creador, el Ahí, etc.) siempre concede a todos los seres la posibilidad de elegir un camino pacífico en toda circunstancia, para mantenerse siempre en armonía con felicidad y salud.

Para así, el ser adulto, poder seguir dirigiéndose hacia la diversidad de la sociedad humana y el intercambio de frutos con todos —es decir, en la Malla de Luz que todos forman en el interior con sus mentes y que, en el nombre del Creador, sostiene el universo material en el que estamos—, con salud y aceptación hacia todas sus partes y seres por igual, y no la aceptación exagerada, única y exclusiva que el fanatismo y la violencia dirige hacia una sola parte del universo o elemento material de nuestro entorno, atando el espíritu adulto en él y privándole de su evolución hacia la diversidad, es decir, hacia la creación de la buena sociedad y el intercambio de frutos con todos los seres creados, lo cual es la realización de este universo en el que estamos, es decir, su flor.

7. Niño y adulto

El niño no puede desarrollar el poder de su propio ser, pues aún no tiene formado su ser. Por eso vive bajo el poder mental del ser adulto, el cual es el tutor del niño y crea todo un mundo de fantasía, cuentos y leyendas para calmar la mente del niño en pleno desarrollo y para ayudarle a crecer y a formarse. El niño vive en ese mundo de creencias y fantasías hecho por la mente del adulto para protegerle y formarle.

El adulto, sin embargo, pide su adultez, ejerciendo plenamente su libertad con el poder de sus herramientas, como son la mente; es decir, que no está bajo la mente como el niño, sino sobre ella, viviendo la vida adulta con pleno dominio y poder, con total libertad.


Un abrazo.


 Fernando Ortolá