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sábado, 7 de marzo de 2026

El gran paso

 El niño aún no tiene la mente (E) formada y es su tutor quien le dirige en ese proceso de formación interior junto a la formación de las demas esencias: la personalidad  (C) la capacidad perceptiva (E) y el  cuerpo (F) que en el niño aún no están formadas.

El tutor se puede comparar a un escultor y el niño a su aprendiz.

El niño observa cómo su tutor hace esculturas y se maravilla ante la destreza en algo que él desea alcanzar.

El niño entusiasmado realiza la tarea que su tutor le pone.

Construye su escultura más pequeña y proporcional a la que su tutor esculpe.

Al no tener su mente aún formada el alumno todavia no está preparado para poder saber por sí mismo si la escultura que ha realizado está bien hecha o no.

Por eso para verificarlo se la muestra a su tutor y este le aprobará su trabajo o bien le indicará partes de la escultura en las que debe de seguir trabajando.

El niño continuará perfeccionando esas partes que su tutor le ha indicado y finalmente le volverá a mostrar la escultura.

El tutor la volverá a ver y aunque encuentre todavía imperfecciones sin embargo comprenderá que el niño se ha esforzado en hacerlo lo mejor que ha podido,  pues para el nivel de formación en el que se encuentra lo que ha conseguido es lo mejor que puede hacer, así que le dará el aprobado, le pondrá un pulgar arriba, acompañado de una gran sonrisa que llenará de satisfacción al niño, por hacerle sentir que ha realizado bien su labor.

El escultor y su aprendiz hacen una pausa y se sientan en un banquito del patio a contemplar el trabajo realizado mientras comen algo para reparar fuerzas.

En eso  desde el otro lado de la valla que separa al jardín de la calle saludan dos viandantes que llegan para hacerles una visita.

El escultor se levanta para abrirles la puerta enrejada y ellos van a mirar las esculturas, pues quieren comprar una.

Antes de pasar al interior del local en donde hay más esculturas observan las que están afuera que acaban de hacer el escultor y su aprendiz.

El escultor les acompaña y el niño continúa sentado en el banquito y les observa mientras continua con su merienda.

Los dos clientes que no se habían percatado de la presencia del niño comentan entre ellos que les gustaría comprar esa escultura que el tutor ha hecho, y critican al mismo tiempo la otra escultura que está al lado, la que ha hecho el niño, comparándola con la otra y riéndose mientras muestran que entre las dos hay mucha diferencia, y que la otra escultura no se la llevarían ni gratis.

Hacen bromas acerca de ello.

El escultor debe de explicarles que esa otra escultura es la de su aprendiz.

El niño que estaba observando todo desde una esquina del jardín no puede evitar ponerse triste y que le cayeran algunas lágrimas.

Los visitantes y el escultor se dan cuenta del llanto contenido del niño y el tutor le llama.

-¡Ven Andresito!

Y le explica a los visitantes:

- Es mi alumno, estoy muy orgulloso de él por lo que hace teniendo solo ocho años de edad.

Andresito le sonríe mientras se seca las lágrimas y los visitantes le chocan la mano comprendiendo la situación y valorando su escultura:

- Muy bien Andresito lo has hecho muy bien. Si sigues así llegarás a ser un gran escultor igual que tu tutor.

El niño regresa a su casa después de su clase de escultura.

En el camino va con un aire orgulloso de sí mismo, pues siente que ha realizado muy bien su trabajo, lo cual está confirmado tanto por su profesor como por la visita que recibió.

Es decir que para él su trabajo es perfecto, pues ha conseguido el visto bueno, el aprobado, la maxima nota de su examen.

Su mente aún no está formada para poder darse cuenta de que su trabajo en realidad aún no es perfecto, sino que tiene errores, lo cual le impide poder entrar en una productividad de mercado, es decir ponerlo en venta para obtener a cambio el dinero que le permita adquirir los recursos vitales.

El niño aún no necesita adquirir por sí mismo esos recursos vitales, pues los recibe de sus padres, no tiene la mente formada para darse cuenta de ello, ni darse cuenta tampoco de que su trabajo es imperfecto, y en realidad al no estar formado tampoco entra en un verdadero contacto con la sociedad.

El niño aún no está formado para darse cuenta de todo ello, su satisfacción tan solo está en que esa persona que él admira que para él es su ídolo, como en este caso es el escultor, le de su aprobación, pues eso le hará sentirse totalmente realizado, es decir que le hará sentir que él mismo es el escultor que tanto admira, al igual que el niño que se siente ser Superman aún sin serlo, pero eso le vale para sentirse bien, es decir sentirse aprobado por esa persona que tanto admira, y con ellos sentir que ha realizado bien su labor es decir que ha aprobado el examen.

El gran paso se presenta cuando el niño termina sus estudios y se transforma en un escultor profesional, al mismo tiempo que alcanza su adultez.

Ahora cada vez que hace una escultura y la termina ya no se siente ser Dios mismo, es decir el ídolo que admira, tal como sí que se sentía serlo cuando era niño al terminar un trabajo y recibir su aprobado.

Pues siendo adulto ya no tiene ese tutor que le apruebe el examen, además que el tutor ya no está presente, y para él su tutor ha pasado a planos más altos, elevados y profundos, tomando la identidad de ese Dios invisible de los adultos, del cual se es más consciente al llegar a la adultez y que representa a la vez a la personificación humana del sentido de paz, de armonía, de sensatez, de sentido comun, y demás virtudes que de niño ha aprendido, y que después de adulto ya están formadas e integradas en su propio ser, en el interior de su corazón adulto y en la forma de su voz, guiándole como su Dios invisible a través de su propio determinismo.

El adulto sabe que su escultura aún no es perfecta, pero que debe de ofrecerla en el mercado para poder obtener el dinero que necesita para no quedarse sin los recursos vitales para la subsistencia.

Por eso el adulto a diferencia del niño no se siente ser ese Dios invisible, es decir que no se siente ser Dios sino todo lo contrario, siente sus propias imperfecciones que el niño no sentía, y siente a su guía a un nivel más profundo que cómo el niño lo sentía.

Pues para el niño el guía era su tutor físico, pero para el adulto su guia es su Dios invisible, que está en un plano más elevado, etérico, profundo y espiritual. Pero en el cual debe de confiar para que le ayude a sobrevivir tanto en su interior como en el exterior.

El niño no debía de preocuparse por recibir los recursos vitales y por eso no se veía aún enfrentado contra esos seres iguales que representan a los demás seres adultos de la sociedad, con los cuales se intercambia los productos para poder obtener esos recursos vitales, los cuales el niño recibía solo de sus padres, es decir de una fuente jerárquica positiva y natural, al igual que necesaria para su proceso de crecimiento y formación.

Pero el adulto se da cuenta de repente que esa buena via jerárquica y natural ya no está presente para darle esos recursos vitales, los cuales ahora debe de adquirir realizando el intercambio del producto de su trabajo con los productos de los trabajos respectivos de los demás seres adultos, a los cuales no ve como seres superiores ni inferiores sino como seres iguales, y con los cuales debe de compartir para poder sobrevivir.

Es decir que el adulto pasa del plano de la jerarquía al plano de la igualdad.

Pasa de sentirse que es Dios a sentirse que ya no es Dios.

Pasa de sentir que hace las cosas perfectas a sentir que hace las cosas imperfectas.

Pasa de sentir que es omnipotente a sentir que es débil y que necesita de los demás.

Pasa de sentir que es un ser implacable a sentir que es un ser carente que necesita recibir  la comprensión, el perdón, la aceptación y la ayuda de los demás, al igual que debe de dar lo mismo a los demás, para así entre todos como seres iguales y hermanos poder subsistir.

Pasa de no poder aceptar la dificultad (F) el propio determinismo (C) el propio autoconocimiento (S) y los propios deseos (E) ha de repente tener que aceptarlos como único medio para poder sobrevivir.

El niño debía de aceptar la dificultad pues esta era simplemente el trabajo que su tutor le ponía como tarea escolar con el fin de formar su personalidad.

Pues el niño no tenía la mente formada para poder captar por él mismo la verdadera dificultad, y por eso su dificultad era tan solo  intentar hacer bien lo que su tutor le podía.

Cuando consigue realizar esa tarea y recibir el aprobado del tutor entonces el niño se siente ser Dios mismo, es decir la perfección en persona.

Debe de intentar hacerlo bien y finalmente puede alcanzar esa perfección, poseerla y sentirse  bien por haberlo conseguido.

Sin embargo el adulto nunca llegará a alcanzar la perfección de su trabajo, pues ya no está con él el tutor físico para darle el aprobado, y en todo cuanto haga él siempre verá imperfecciones, las cuales los demás  seres adultos deberán de perdonar y aceptar para poder darle a cambio sus productos que le permitan los recursos vitales para poder subsistir.

Si el adulto tuviese un tutor físico que le diese el aprobado de todo cuanto hace eso a su vez bloquearía el propio determinismo del ser adulto.

Por eso el adulto no puede tener un tutor físico que le guíe sino tan solo su Dios invisible.

Por eso el niño puede sentir que él es Dios mismo y el adulto no, pues siente que necesita de una igualdad con los demás.

El niño puede sentir que lo sabe todo y el adulto no, pues a mas sabe más se da cuenta de que hay mucho más que no sabe.

El niño no puede aceptar la dificultad es decir aceptar que no puede hacer algo, ya que eso que le cuesta es siempre la tarea que su tutor le pone ante la cual siempre debe de esforzarse e intentar realizarla lo mejor que pueda, y por eso no puede aceptar que una cosa es muy difícil y negarse a luchar para poder conseguir solucionarla, es decir que el niño ante una dificultad no puede aceptar la pausa y no enfrentarse a ella para intentar solucionar el problema, pues esa dificultad será siempre una tarea puesta por su tutor y guiada por este, por la formación del niño.

Pero un adulto ante una dificultad que no puede solucionar debe de tener la actitud opuesta a la del niño. Es decir que el niño debía de esforzarse en realizar esa tarea porque estaba puesta por su tutor, sin embargo el adulto ante esa dificultad debe de aceptarla, es decir tomarlo con más calma que el niño, relajarse, para que así su Dios invisible le ayude a vencer esa oscuridad.

Es decir que haciendo la síntesis de esencia se puede decir que:

El niño:

No debe de aceptar la oscuridad.

El adulto:

La debe de aceptar.

Pues el niño ante la oscuridad aún no tiene las herramientas formadas para poder vencerla y debe de enfrentarse a ella con las herramientas que su tutor le presta y le dirige en su manejo.

Sin embargo el adulto ante la oscuridad debe de relajarse, es decir aceptarla, pues ya tiene las herramientas para poder vencerla, y para poderlo hacer debe de estar en paz y confiar en la paz, la cual es su Dios invisible que le permitirá activar sus propias herramientas para poder realizar el trabajo de vencer a la oscuridad, es decir a la dificultad.

El niño no debe de aceptar a la oscuridad (problema, desafio, trabajo, F) y el adulto sí.

El niño no debe de aceptar el propio autoconocimiento (mente, S) y el adulto sí.

El niño no puede dar rienda suelta a sus propios deseos (E) pues por no estar formados aún podrían transformarse en un exceso de dulces, por ejemplo.

El adulto sí que debe de hacerlo, pues sus deseos ya están formados, es decir el verdadero paladar que desea el amor, la paz y la armonía (E).

El niño no debe de aceptar el seguir a su propio determinismo (C) porqué aún no está formado.

El adulto si que lo debe de aceptar.

Por eso el estar Ahí (en la paz) del niño es diferente al estar Ahí del adulto.

Para el niño su estar Ahí es seguir a su tutor y no activar aún sus esencias que no están formadas.

Para el adulto su estar Ahí es seguir a su propio determinismo, lo cual es seguir a su Dios invisible y activar las esencias para trabajar con ellas en la formación pacífica de una buena sociedad.

El niño debía de trabajar en la formación de su propio ser y el adulto en la formación de la sociedad.

Por eso una interferencia de los tiempos infantiles estando ya en los tiempos adultos de la humanidad crea innumerables trastornos, tanto de las personas como en el colectivo.

Saber que esto es así abre nuevas vías hacia la solución de problemas.

Pues se puede identificar cuáles son los factores en la vida de cada individuo y del colectivo que representan una interferencia de los pasados tiempos infantiles, para así poder corregirla y sentirse mejor.

Por ejemplo corregir a un adulto que desea alcanzar la perfección de las cosas al igual que un niño, en vez de reconocer la dificultad y la imperfección, aceptándola y eligiendo por la paz, para que la paz le ayude a alcanzar la solución de ese problema.

Pues para el adulto es imposible alcanzar la perfección de algo ya que para él es siempre el Dios invisible quien alcanza esa perfección usando al ser adulto como canal de su creación.

Por lo que al ser adulto no le queda más remedio que aceptar la dificultad con paz y confiar en la ayuda de su Dios invisible.

Y así con paz usar las herramientas de las que el ser adulto ya dispone para poder ir trabajando en vencer ese problema.

Con calma y dándose los descansos que necesite para ello.

Y confiando en su propio determinismo, el cual es su Dios invisible en la forma de la misma voz de su corazón, manifestándose a través de él, del ser adulto como un canal de su creación, pues de ese modo la luz vuelve al entorno del ser adulto haciendo que este se sienta bien, pues estará realizando su verdadera función, estará Ahí.

En ese proceso el individuo adulto no debe olvidar de activar siempre sus esencias, pues estas ya están formadas para mantenerse activas y entre ellas la mente.

Pues si el adulto acepta la dificultad lo cual es aceptar a la esencia F que representa también al trabajo pero sin embargo no acepta a la esencia S que representa a su mente la cual ya está formada, entonces esa mente ya no recibirá la guía de la mente del tutor físico el cual ya no está presente,  tampoco podrá recibir la guía del Dios invisible ya que este le pide que active la mente y no que la pause.

Lo que sucederá en ese momento es que esa mente ya formada del adulto pero inactiva o desconectada caerá en el terreno de una jerarquía afuera de lugar, en la cual se combatirá a duelo con otras mentes en un enfrentamiento que por inercia irá quitando energía al individuo, produciéndole enfermedades, hasta el punto en el que el individuo deberá de a activar su propia mente como única posibilidad para poder finalmente salir de ese combate mental, jerárquico y selvático, y entrar en la fabricación del propio producto para su intercambio igualitario con los demás seres adultos, lo cual favorecerá un contacto interno, igualitario y mental positivo con los demás y un  intercambio externo igualitario en el plano físico dando forma así a una buena sociedad.

Por eso para que no se produzca una interferencia infantil en tiempos adultos el ser adulto debe de ser consciente de cuál es su norma natural y la diferencia con la norma natural infantil.

Pues la norma natural adulta a diferencia de la norma natural  infantil contiene la activación de las esencias: cuerpo, mente, emociones e identidad, a diferencia de la norma natural del niño que contiene que el niño aún no debe de hacer uso de sus esencias por no tenerlas aún formadas.

Otro elemento de la norma natural adulta es él trabajo por la formación de la nueva sociedad, en lo cual debe de emplear sus esencias activas.

Sin embargo el contenido de la norma natural del niño dice que el niño aún no está preparado para trabajar en la formación de la sociedad y su trabajo se debe de centrar en la formación de su propio ser, guiado por su tutor físico y buen jerarca que el niño necesita para poder recibir su recurso vital, y llegar a ser adulto algún día.

El niño en su interior siente que lo está solucionando y en el exterior siente que quien lo soluciona es su tutor físico.

El adulto en el exterior siente que está solucionando pero en su interior siente que es su Dios invisible quien lo soluciona.

Para que la mente del niño tenga paz hay que pausarla, para que así no caiga en conflicto con otras mentes.

Para que la mente del adulto tenga paz hay que activarla para que la inercia de su inacción no le haga caer en la batalla caótica y jerarquica con otras mentes que luchan por la supremacía.

Pues la mente del niño aún no está formada y la mente del adulto si.

Cuando el adulto activa su mente esta entra en un contacto igualitario con los demás seres adultos para producir entre todos el intercambio de frutos que aporte los recursos naturales para poder sobrevivir.

Por eso si un adulto no activa la mente no se produce ese intercambio igualitario y  el adulto cae en la parte opuesta a la igualdad, es decir en la jerarquía, la cual esta vez es caótica ya que la jerarquía debe de dirigir en los tiempos infantiles pero no en los adultos en donde rige la igualdad, y por eso si la jerarquía fuera de lugar interviene en los tiempos adultos debido a que en estos hay una falta de igualdad entonces esa jerarquía fuera de lugar se transforma en una dictadura que involucra a la mente del individuo que pausa su actividad mental, haciendo así que su mente por inercia caiga presa de batallas mentales que le quitan la energía y le enferman, haciendo que el individuo enferme incluso físicamente, debido a su disminución de actividad mental.

Pues ante los ataques jerárquicos la mente se queda sin defensas, y después le precede el cuerpo, el cual sin la protección de la mente adulta se queda igualmente sin defensas y enferma.

Eso se puede evitar si el ser adulto activa su mente, para lo cual es fundamental tener claro el fin por el cual se trabaja, que es por la buena sociedad, es decir por la igualdad de bienestar para todos por igual.

Pues si ese fin no está claro o está confundido por ideas dictatoriales de unos y de otros el individuo no tendrá el verdadero motivo que puede realmente activar su mente al 100% de su rendimiento, que es el trabajo por el bienestar de todos por igual.

Al no tener ese objetivo claro por estar confundido por las dictaduras  la mente de los individuos no se puede activar plenamente, y eso hace que la mente formada de los adultos caiga presa de las guerras mentales, jerárquicas y caóticas, que por inercia quitan la energía a los individuos y les producen la enfermedades a todos los niveles.

Por eso es importante conocer estas cosas, para poder tener claro el ideal igualitario por el cual trabajar, para así poder tener la mente adulta al 100% de su acción, para que esta no entré en conflictos caóticos y jerárquicos que le quiten energía ,y para así poder mantener la salud.

No es necesario que se deba de actuar así simplemente por una cuestión de fe pues se puede comprender de un modo práctico y pragmático que eso es así.

Un abrazo.


Fernando Ortolá 

















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