La malla está formada por lumis, y su conjunto y su centro es un gran ojo.
Los nombres también son pequeños ojos que se encuentran dentro del gran ojo formando este.
Muchas veces en las visiones he visto como la malla de luz con sus lumis y su gran ojo en el centro se han posado sobre la superficie de un planeta y se han posado sobre la silueta de todos los objetos físicos del paisaje, de las montañas, ríos, mares, árboles etc de un modo en el que cada lumi se acoplaba con el vertice de cada esquina de la silueta de todos esos objetos físicos, y las líneas de fina luz de la malla que unen a las pequeñas luces de los lumis se iban a su vez asentando en las líneas más largas que forman la silueta y que van de un vértice a otro de su contorneo.
De ese modo en las visiones he visto que la malla de luz forma la realidad física de ese paisaje planetario al que se acerca y a su vez la contiene en su interior manteniendo esa realidad material que construye sostiene y conduce.
La malla se puede ver así como el espíritu del mundo físico y de todas las cosas que este contiene.
Por eso la maya es a su vez la unión de los espíritus de todos los seres vivos que componen un mundo o planeta.
Cada espíritu es una luz o lumi de la maya.
En el caso del Sistema Solar el gran ojo de la maya que lo sostiene es el Sol, y en este caso los lumis serían los planetas que giran a su alrededor.
Cuando ser vivo está en paz entonces su espíritu es decir el lumi que le representa ocupa a una buena posición en la malla y tiene una buena relación con los demás lumis o espíritus de los demás seres vivos.
Cuando un ser vivo no está en paz entonces su espíritu o lumi de la maya quiere poseer a los demás lumis y separarse del gran lumi central que es el lumo el gran ojo.
Eso es algo que produce dolor tanto a ese lumi como a los lumis atacados por él.
Pues el lume atacante declara la guerra a los lumbres atacados desafiándoles a participar de un pulso con él.
Cuando se realiza un pulso entre dos personas se unen los codos de ambas.
Los codos son los vértices de los brazos.
Lo cual coincide con el hecho de que los lumis se encuentran en los vértices de las formas físicas que crean y sostienen.
Por eso de la forma física de un pulso entre dos personas muestra que ambas unen sus espíritus, los lumis de la malla que les representan a ambos, los cuales también están presentes en los codos que se unen para hacer el pulso.
Aunque esta vez esos dos lumis no se unen para crear y sostener una realidad física y llevarla a la plenitud de su salud sino todo lo contrario es decir que se unen para intentar vencerse y someterse el uno al otro.
Separándose así de la verdadera de ambos que es la voluntad del gran ojo que les une y del cual se desconectan a través de esa situación de violencia.
En el pulso cada contrincante quiere traer hacia así mismo la parte del brazo que está detrás del codo y que representa su contrincante.
A través de lo cual el vencedor dejará atrapado a su contrincante en su propio lado, a la vez que ocupará el lado del contrincante.
Simbólicamente representa la posición de un espíritu en el cuerpo del otro y a la vez el atrapamiento de un espíritu por un cuerpo que no le corresponde que es el del contrincante vencedor.
El mensaje simbólico a través del pulso es sorprendente, es un codo, un vertice, un lumi, un espiritu, que se une a otro para vencerle y poseerle.
Esta conexión muestra que el pulso entre dos personas no se manifiesta solo en el físico sino también en el interior es decir en el espíritu, a un nivel de las esencias internas que componen a un ser es decir su identidad sus emociones su mente y su capacidad de esfuerzo.
Cuando el espíritu de una persona desafía al espíritu de otra a hacer un pulso irá desmontando la realidad física de su entorno a medida que en ese pulso interior va intentando torcer su brazo para vencerle.
Hay que estar preparados para no participar de esos pulsos internos declarados.
La inercia de no practicar la norma natural actual adulta conduce a participar de pulsos internos sin que el individuo ni siquiera se dé cuenta de que ha sido retado a ello y que se encuentra participando en ese duelo interno que a su vez puede resultar peligroso ya que lo interior y el espíritu es la base del cuerpo físico y de su salud y a su vez de las circunstancias materiales y de su orden óptimo.
Durante los pasados tiempos infantiles de la humanidad ningún espíritu podía retar a otro a hacer un pulso.
Pues en esa época pasada los espíritus de la gente aún no se habían manifestado es decir que aún no se habían formado como para poder relacionarse con los demás espíritus, sino que eran espíritus en proceso de formación y guiados por el tutor físico o buen jerarca de los tiempos infantiles.
El buen jerarca les daba una tarea física concreta y específica para que así al realizarla los individuos se sintiesen bien y pudiesen formar su espíritu.
Pero en los presentes tiempos adultos en la humanidad todo eso ha cambiado e incluso se ha puesto al revés.
Es decir que los individuos ya no pueden atarse a una forma física igual como en el pasado infantil.
Pues el espíritu de los adultos ya está formado ella no necesita fijarse detenerse en una forma física para formar el espíritu.
Por eso en la humanidad adulta actual tampoco existe el tutor físico y buen jerarca que existía en los pasados tiempos infantiles, pues este al igual que un padre de familia ya ha envejecido.
Al no existir un tutor físico tampoco hay nadie que los tiempos adultos de la humanidad de un objeto físico al que un individuo deba de atarse de un modo interno.
Pues el ser adulto ya tiene su espíritu formado y manifestado al exterior y el niño aún debía de formar su espíritu y manifestarlo al exterior.
El adulto al contrario del niño ya no debe de quedarse fijo en una tarea material guiado por un tutor físico sino que debe de ir cambiando de una tarea material a otra y guiado por su propio espíritu ya formado, es decir por su propio determinismo.
El niño necesitaba dirigirse hacía tareas materiales concretas y guiado por su tutor físico el cual le daba esas tareas para poder formar su espíritu.
El adulto sin embargo ya no debe de quedarse fijo en una tarea material sino que debe de ir tomando las distintas tareas materiales que su Dios invisible le da a través de la voz del corazón de todo ser adulto.
El niño debía de actuar quedándose fijo en las tareas materiales para así formar su espíritu.
El adulto al contrario que el niño no debe de quedarse fijo en las tareas materiales para no de tener el camino de su espíritu ya formado.
El niño debía de seguir a su tutor físico el cual le daba tareas materiales fijas, y el adulto debe de seguir a su Dios invisible el cual le da una tarea espiritual que es seguir su propio determinismo a través de lo cual le va dando situaciones materiales distintas que debe de seguir tomando para no quedarse apegado a ninguna de ellas permitir que su espíritu continúe creciendo hacia su Dios invisible que es el Dios Creador y realizador de todo.
Es decir que el niño tenía su tutor físico que le llevaba a quedarse quieto en situaciones físicas, y el adulto tiene a su Dios invisible que le lleva a todo lo contrario es decir a no apegarse a ninguna situación física pues el espíritu del adulto ya está formado y el espíritu del niño necesitaba apegarse a situaciones físicas para así poder formar y manifestar su espíritu.
El adulto ya tiene su espíritu formado y para mantenerlo debe de hacerlo contrario que el niño es decir no apegarse a ninguna situación física, para así poder mantener la salud y propósito de su espíritu, que es él dirigirse hacia el Dios invisible y creador que es el Padre que le ha engendrado.
El niño tiene como dirigente a su tutor físico y buen jerarca.
En el adulto ese dirigente se ha elevado a un plano más alto mostrándose como el Dios invisible o Gran Espíritu Creador y sostenedor de todo.
Por eso es muy diferente el modo como un niño y un adulto pueden sentir el reto de un espíritu invasor declarándoles la batalla como es el enfrentamiento de hacer un pulso.
En el caso del niño este prácticamente no lo sentirá pues su tutor apartará de él esa mala vibración para que no le afecte y le permita seguir creciendo en el desarrollo, formación y manifestación de su propio espíritu.
Para eso el tutor físico dará al niño un ejercicio fijo una forma material concreta es decir una práctica especifica a la que el niño deberá de atarse y practicarla para así liberarse de esas malas vibraciones.
Una práctica física y fija como puede ser la meditación oriental o los rituales en los templos occidentales.
Pero en los tiempos adultos de la humanidad es decir cuando los individuos ya son adultos de nada sirven las prácticas fijas del pasado periodo infantil de la humanidad.
Pues cuando una mala vibración acosa a un individuo este solo se podrá desprender de ella no siguiendo la norma natural infantil del pasado sino siguiendo la norma adulta del presente.
La norma natural del pasado era practicar intensamente esa forma física que el tutor o bueno jerarca le daba.
En los tiempos actuales adultos de la humanidad la norma natural es seguir el propio determinismo, lo cual es a su vez el seguir al Dios invisible que se halla en el corazón de todo ser adulto en la forma de su voz, es decir que es ir tomando todas esas formas físicas que la vida va dando al individuo en distintas circunstancias y que el individuo debe de ir tomando para poder seguir manteniéndose en la paz, y que son a su vez las distintas formas físicas que el creador o Dios invisible le va dando para que así el espíritu del ser adulto ya formado no se apegue a ninguna de ellas si pueda seguir su camino hacia el Creador es decir hacia el Dios invisible o padre que le ha engendrado y dirige su camino hacia Él.
Ese es el estar Ahí de todo ser adulto.
El estar Ahí que aparta de él toda mala vibración, y le mantiene en perfecta armonía, aceptacion y unión con todos los demás seres, espiritus y lumis de la malla formando el gran conjunto de luz que es la creación en torno al gran ojo central, el lumo, que es su Padre creador.
Por un vértice se insemina la vida, por un vértice se nace a ella, por un vértice viene el alimento, y por la unión de muchos vértices se realiza la vida y se regresa al gran vertice.
Un vertice entrelaza las manos que formarán un hogar.
Fernando Ortolá