miércoles, 22 de agosto de 2012

La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad que todos ya sabemos





Quien intenta imponer la verdad sobre otros suele decir:
La verdad que yo te doy te salvará, te hará libre, te abrirá los ojos y te permitirá ver la realidad de donde vivimos, te dará la vida, etc.,..
Todo eso es mentira,...pues esa verdad impuesta ha producido el efecto contrario al que quien la anunciaba decía que iba a producir.
Es decir, que no salvará sino que condenará, no hará libres sino que esclavizará, no te abrirá los ojos sino que los cerrará, y no te permitirá ver la realidad del mundo en el que vives, sino que te cegará y podrás ver aún menos que antes el mundo en el que estás.

Quien te impone la verdad te tapa los conductos personales de la propia comprensión del mundo y universo en el que estamos.

La comprensión del universo es la visión interna.
Quien te impone la verdad te dice:
Cierra tus ojos, porque lo que tu ves del mundo y universo en el que estamos no es verdad,... yo solo sé ver el universo en el que estamos,... por eso.... cierra tus ojos escucha lo que yo veo y sígueme, yo te guiaré.

Esta persona que impone la verdad, en vez de abrir los ojos a los demás, los ciega, los cierra,... y solo por ganar dinero a costa de ellos, para que estos con sus ojos cerrados no puedan ver el dinero que él les quita.
Confunde, martiriza y ciega a sus seguidores,... solo para robarles el dinero y las pertenencias materiales                                                                                                                                                                                                                                                  
Para no hacer daño a alguien imponiéndole la verdad, hay que acercarse a él con sinceridad, como un igual, ofreciéndole ayuda pero a su vez pidiéndole ayuda, mostrándole la verdad que hay en ti pero a su vez aceptando la verdad que hay en él.

De este modo no nos dañamos mutuamente y progresamos juntos hacia una evolución mayor.

Kinomi dice mucho, mucho, mucho, muchiiiiiiiiiisimo,... que el cambio hacia una dimensión mayor (hacia la quinta aparente) primero la hemos de realizar en nuestro interior y después se manifestará en el mundo exterior material,... abriéndose las puertas dimensionales que nos conducen físicamente hacia otros planetas del universo a los que podemos ir andando con nuestros cuerpos a través de ellas.
Pero para ello primero deberemos de abrir las puertas dimensionales de nuestros corazones aceptando a los demás de igual a igual.
Después se abrirán las puertas dimensionales externas para poder ir a otros planetas.

Esta medida de la ley universal acerca de que primero hay que evolucionar internamente para así poder después evolucionar externamente, no es una ley que solo defiende a los demás de nosotros,... de nuestra poca evolución interior,... sino que también nos defiende a nosotros de un evolucionadisimo sistema que por no comprenderlo y no estar preparados para él nos dañaría.

Al ver naves desconocidas en el cielo, ovnis,... muchos sienten que les gustaría verlos por dentro y tener un contacto directo con esos seres más evolucionados.
A ellos también les gustaría mucho podernos llevar a bordo de su nave. Pero si no lo hacen, o al menos no lo hacen  de una manera mas manifiesta, abierta y continuada, es porque para ello nosotros nos debemos de preparar personalmente, es decir, que personalmente debemos de evolucionar y ponernos a la altura de ellos, no directamente en el tema técnico y material, pues eso vendrá después, es decir, que primero debemos de ponernos a la altura de ellos en el tema ético, moral, espiritual, interior,... y después podremos entrar en una de sus naves con nuestros cuerpos físicos, viajar con ellos, y recibir ayuda tecnológica directa de ellos.

Pero primero debemos de evolucionar interior o personalmente,... es decir que debemos de amarnos más y ser mas igualitarios entre nosotros.
Si lo conseguimos, podremos entrar en una de sus naves a plena consciencia,... y no solo con la semi-consciencia del abducido.

El poder mental e interno de ellos está tan evolucionado que entre ellos el pensar mal de otro es un delito que se condena con la cárcel, pues para ellos el pensamiento mal usado es un arma mortal, debido al enorme poder mental que tienen.
Si alguno de nosotros, los terrícolas  entrase en el mundo o planeta en donde viven ellos,.. se pasaría todo el tiempo en la cárcel,... porque no sería capaz de contener los malos sentimientos y pensamientos hacia unos y otros,... y aunque no tuviera el poder mental para poder manifestar sus malos pensamientos en la materia,... sin embargo los demás habitantes de ese mundo o planeta más evolucionado sí que tendrían el poder interior y mental de sentir intensamente sus malos sentimientos y de leerle los malos pensamientos y dañarse con ellos,... por lo que lo considerarían un peligro público y lo encerrarían en la cárcel,...o digamos en un lugar apartado para ayudarle a evolucionar,... y en realidad ese lugar apartado requerido por estas circunstancias sería su mismo planeta de origen, como por ejemplo la Tierra,... a donde terminarían por devolverle, llevándole allí de nuevo.

Esto se podría comprender imaginando el caos que produciría en él mismo y en los demás un indígena que no haya tenido nunca contacto con la civilización y que de repente lo pongan en medio de una agitada ciudad como New York. Seguramente que además del fuerte shock que recibiría sería también considerado como un peligro público y terminarían por encerrarle en la cárcel o en cualquier recinto sucedáneo.

Así que como dice Kinomi e insiste en ello:
`...Si quieres evolución afuera, primero evoluciona adentro de ti, y después vendrá la evolución de afuera..."

Por eso a la misma conclusión se llega si se comprende que el espíritu es siempre primero que la materia,... por lo que si se quiere evolucionar la materia (el exterior, esencia F, y demás atributos de la segunda esencia F,...) primero hay que evolucionar el espíritu (el interior, esencia C y demás atributos de la primera esencia C).

Palabras cenuíticas y de Kinomi

Fernando Ortolá

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